Nacionalización de bancos: una expresión prohibida

El verbo «nacionalizar” es definido así por la RAE: «Hacer que pasen a depender del Gobierno de la nación propiedades industriales o servicios explotados por los particulares».

En las economías occidentales pronunciar la frase «nacionalizar bancos» significa rescatar de la historia a modelos políticos antidemocráticos como el comunismo o el fascismo.

Y la fama de esta palabra revela el cuidado de la administración de Obama para escaparle al vocablo, que los periodistas especializados en economía ya llaman con sarcasmo la «palabra n».

«Es mejor no usar la palabra para evitar debates ideológicos: nacionalizar bancos suena a comunismo«, indicó Charles Wyplosz, economista del Graduate Institute of International Studies de Ginebra. El experto en finanzas públicas y privadas del Brooking Institute de EE UU, Douglas J. Elliott, analiza como improbable un control total de los bancos a menos que la situación empeore mucho más y la crisis se haga incontrolable.

En cambio, entrevé más tomas de participaciones parciales de acciones y esto ya se confirma en el Citigroup y en el Bank of America.

«Los americanos sospechamos de cualquier implicación del Gobierno en los negocios, sobre todo porque no creemos que negocios y política se mezclen bien. Es una cuestión de ser competente o no, no de comunismo», afirma Elliott a quien quiera escucharlo.

La molestia demócrata al definir el término “nacionalizaciones” resulta innegable. «Bueno, pueden llamarlo como quieran», dijo la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al momento de recibir la inquisición que no deseaba, esto es, si tenía una opinión positiva a intervenir los bancos norteamericanos. Este fastidio se origina en la confusa intencionalidad del término.

Desde la Universidad de Texas, el economista clásico James Galbraith, aprueba que el uso habitual del término maligno procede «mayoritariamente de sectores muy a la derecha, que intentan sacar ventaja del hecho de que el término tiene sus connotaciones de decisiones políticas de naturaleza anticapitalista, de decisiones tomadas como un castigo».

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