La crisis económica global comenzó a afectar a los trabajadores y a la economía paraguaya

Esta crisis económica mundial, sin precedentes desde la gran depresión de los años treinta, y que se manifiesta entre otros hechos con la quiebra de numerosos Bancos en los Estados Unidos, origen del problema, y en los países de la Unión Europea, comenzó a afectar la economía regional de Sudamérica, por lo tanto a la paraguaya, provocando ya numerosos despidos y recesión en la industria del país.

Los niveles de empleo comenzaron a descender en forma preocupante, y no es mucho lo que el Presidente paraguayo Fernando Lugo está en condiciones de hacer, pues se halla, al igual que otros presidentes sudamericanos, con serios problemas políticos internos.

Mientras que en los países desarrollados los Gobiernos están inyectando grandes cantidades de dinero para auxiliar a las empresas en problemas, en Paraguay los empresarios recurren a despidos masivos con la consiguiente reducción del empleo, de las de horas laborales y de los beneficios sociales, y otras medidas que afectan a los trabajadores.

Con este cuadro de situación, el Gobierno paraguayo acaba de lanzar el «Plan estratégico para enfrentar la Crisis Global«, con el cual seguramente se aumentará la deuda externa del país, para destinar casi 2500 millones de dólares para hacer frente a las necesidades financieras de los sectores productivos.

El ministro de economía Borda anunció que casi la mitad de esa suma provendrán del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con tasas de interés algo superiores a la media mundial y con un plan de devolución a corto plazo, ya que se trata de fondos de necesidad urgente.

El Gobierno de Lugo planea realizar concesiones al sector privado por más de 500 millones de dólares, al tiempo que se niega a conceder aumentos salariales al sector estatal y planea continuar con un plan de despidos «programados».

Más allá del préstamo extraordinario que le dará a Paraguay, el Bid ya informó que las remesas de dinero a Latinoamérica sufrirán este año el primer descenso desde que comenzaron a concederse, allá por el año 2000.

El panorama no es alentador para Paraguay ni, en mayor o menor medida, para ninguno de los países de la región.

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