La crisis financiera global está contaminando la economía real de Brasil

El presidente Lula Da Silva y el ministro de hacienda de Brasil, Guido Mantega, debieron moderar con sus declaraciones el optimismo que habían mostrado a principios de 2009.

El discurso inicial del presidente sobre la crisis económica mundial, a fines de octubre del año pasado, tuvo que ser parcialmente modificado.

Durante el año 2009, la estrategia gubernamental es tomar decisiones políticas que incidan favorablemente en la marcha de la economía brasileña, de cara a organizar el cuadro político sucesorio para el 2010.
Los cambios actuales en el plano económico son, por necesidad, mucho más vigorosos que los cambios políticos.

El importante crecimiento de la economía brasileña en el último trimestre del 2008, de alrededor de un 6%, debe ser seguido por, al menos, una cifra semejante en el primer trimestre de este año, si las autoridades no quieren correr riesgos políticos de cara a las elecciones del 2010.

Tres hechos fundamentales confluyeron para que la alarma en el Gobierno comenzara a sonar:

1) la rapidez con que se redujeron los niveles de crédito, tanto a nivel doméstico como a gran escala.
2) el creciente temor a tomar riesgos financieros de las grandes corporaciones, a pesar del estímulo del Gobierno en ese sentido.
3) las pérdidas millonarias de Empresas y particulares, que apostaron a la continua valorización del real frente al dólar.

Actualmente los Bancos más pequeños están vendiendo su cartera de créditos a instituciones más grandes, pero esto trae aparejado una concentración de capitales que no es vista con buenos ojos por el Gobierno.

Pero lo más significativo es que esta gran crisis mundial está afectando a los distintos sectores económicos de Brasil en forma desigual.

Esto redundará en una desaceleración en la tasa de crecimiento, una casi segura reducción de la masa salarial, con el consiguiente aumento de parados, y una eventual reducción de gastos hasta valores casi insignificantes en muchos sectores gubernamentales.

Indudablemente, y para no ser la excepción con respecto a los demás países de la región, la economía brasileña también está comenzando a verse afectada por la reducción progresiva de las exportaciones de materias primas, las que generan buena parte de los recursos de los que dispone el gobierno de Lula para enfrentar esta crisis.

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