En Suiza la crisis global no respeta ni siquiera antecedentes de seguridad bancaria

En estos últimos días se conocieron las cifras económicas correspondientes al último trimestre del año 2008, y éstas demuestran que la economía de Suiza ya entró en recesión.

El Banco Central de Suiza informó que lamentablemente se esperan resultados muy similares para el trimestre actual.

El retroceso de las finanzas suizas fue informado por el presidente de dicho organismo, Jean-Pierre Roth, quien dijo que a partir de octubre del 2.008 el retroceso fue del 1,9%, a pesar de que hasta entonces los parámetros económicos indicaban que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) había sido muy sólido.

Tal como se calcula habitualmente en Europa, la economía se contrajo un 0,5% en los últimos tres meses del año pasado, con respecto al trimestre anterior.

A pesar de estas cifras, los economistas las consideran casi «una muy buena noticia», si se las compara con la mayoría de los índices económicos de los países de la Eurozona, que están en franca desaceleración, y con una recesión importante desde antes de terminar el 2.008.

Hasta el momento, el número de parados en Suiza no aumentó en forma significativa, y los problemas de empleo comienzan a aparecer, pero las autoridades confían en poder manejarlos teniendo en cuenta que el proceso recesivo ha comenzado en el país con unos meses de retraso, y eso les da un cierto margen de maniobra, a pesar del cual las precauciones deben ser muchas y efectivas.

El Banco Nacional de Suiza estima que la contracción del PIB seguirá durante todo el 2.009, y puede llegar a fin de año a valores entre 0,5 y 1% por debajo de fines del 2.008.

Suiza no es un país que se caracterice por su industria, ni por sus exportaciones, ni por ser proveedor de materias primas, ni ninguno de los parámetros habituales de la mayoría de los países.

Es evidente para todo el mundo que en ese país europeo la principal actividad es la bancaria, caracterizada por su seguridad, cautela y discreción para con sus clientes de todo el mundo. Es sencillamente un paraíso bancario, sobre todo para los países emergentes de América y Europa.

No es entonces difícil pensar que esta situación de incertidumbre y desconfianza generalizada hacia los bancos y el mundo de las finanzas, puede repercutir en forma perjudicial para la economía suiza.

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