La Canciller de Alemania, Ángela Merkel, afirmó poco tiempo atrás durante un discurso ante el Parlamento alemán que la peor parte de la crisis global todavía está por llegar, y reclamó en forma muy fuerte la intervención del Estado alemán a través de decisiones tomadas por vía parlamentaria para devolver el orden y la confianza al sistema financiero del país.

Destacó Merkel en su discurso que «la crisis provocada por excesos en el sistema financiero de las grandes potencias, es el mayor desafío a solucionar por los gobernantes desde la gran crisis de los años veinte del siglo pasado».

Urgió la Canciller alemana a los parlamentarios de su país a aprobar rápidamente un paquete de emergencia acordado por el gobierno, con el cual se darán garantías y líneas de crédito por casi 500.000 millones de euros, una cifra que reconoció es «difícil de imaginar».

Recordó, al igual que lo hizo hace pocos días el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, que debe reformularse totalmente el sistema de control a las operaciones que lleven a cabo los grandes Bancos de los distintos países, porque no puede ser que estos Señores (por los banqueros) se lancen a realizar operaciones de niveles inimaginables y totalmente seguras en los papeles, y luego terminen pidiendo ayuda a los tesoros de los países para solucionar los graves problemas en que se meten con sus desacertadas decisiones.

Merkel apoyó también la iniciativa ya expuesta por otros mandatarios de la Eurozona de darle mayor poder de control y eventualmente castigo al FMI (Fondo Monetario Internacional), único organismo global con fuerza suficiente para mantener a raya el ansia desmedida de ganancias de algunos sectores financieros mundiales.

Puntualizó además que los Bancos que acudan a los fondos de ayuda del Estado deberán realizar una serie de concesiones, como por ejemplo limitar en gran medida los ingresos de sus directivos, entregar activos o acciones en garantía y aceptar sin reservas el control del Estado en la colocación de los fondos obtenidos del mismo.

A juzgar por el tono de su discurso ante el Parlamento, la canciller alemana endureció mucho su postura, sobre todo contra el sistema financiero y bancario, al cual sin dudas le da la mator responsabilidad en esta crisis que tiene a maltraer a buena parte del mundo.

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