El G-20 crea un Ente supervisor y destina mucho dinero para  paliar los efectos de la crisis global

En la reunión cumbre del G-20 que finalizó en Londres hace muy pocos días se tomaron varias decisiones tendientes a disminuir los efectos negativos de la crisis global que afecta a buena parte del mundo, y a supervisar de aquí al futuro las decisiones que se tomen en materia económica.

Los mandatarios participantes de la cumbre tomaron la decisión de inyectar en el mercado una cifra sin precedentes de 1 billón de dólares para aumentar la liquidez y luchar contra los efectos de la crisis, a la vez que decidieron la creación de una «superagencia» que se encargará, junto con el FMI, de vigilar los mercados para evitar la repetición de situaciones como las que culminaron en el actual desastre financiero que tiene a maltraer a buena parte del mundo.

Gordon Brown, el primer ministro británico y anfitrión de la cumbre, realizó declaraciones en las que vaticinó que estas medidas significaban el «fin de los paraísos fiscales», y que estaba por producirse una expansión fiscal sin precedentes en los tiempos modernos.

Parece haberse endurecido, y mucho, la posición de los mandatarios para con aquellos países que no se ajusten a las nuevas reglas de juego impuestas por esta decisiva cumbre. Se tomó la determinación «ineludible» de aplicar severísimas penalidades a aquellas naciones que no ajusten sus economías a las nuevas pautas, que serán supervisadas en conjunto por el FMI y el flamante organismo creado en la cumbre.

Se ha terminado la era del secreto bancario, y se va a hacer todo lo que sea necesario para restaurar la confianza en el sistema financiero mundial, y sobre todo para recuperar los empleos que se perdieron durante lo que va de la crisis, implementando planes de emergencia en aquellos países donde el número de parados llegó a cifras verdaderamente alarmantes.

Además se destinarán 100.000 millones de dólares extras para los Bancos multilaterales de desarrollo, como el Banco mundial y el BID, de manera que éstos puedan utilizarlos en obras de infraestructura que generen empleos en los países más comprometidos.

La canciller alemana Angela Merkel comentó que «llegó la hora de tomar al toro por las astas y comenzar lo que seguramente será la gran batalla final contra la especulación, el desempleo, y los problemas financieros del mundo tal cual lo vivimos hoy»

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