España quiere entrar como miembro titular y activo del G-20

Desde hace ya un tiempo, existe un debate cada vez más extendido en la sociedad española acerca del peso internacional real de España.

Mientras algunos analistas sugieren que el país en los últimos 15 ó 20 años ha «golpeado por encima de su peso», en clara referencia a algunas actitudes triunfalistas por parte del Gobierno que no se condicen con la realidad española, otros estiman que España tiene menor influencia en el concierto de las naciones que la que le correspondería de acuerdo al actual nivel de desarrollo político, social y económico.

Las dudas que se presentaron antes de que se confirmase la presencia española en las cumbres ampliadas del G-20 de Washington en octubre del 2.008 y de Londres en abril de este año, en ocasión de tratarse los métodos para enfrentar la crisis global que azota al mundo desde el segundo semestre del año pasado, se generó un intenso e interesante debate sobre la verdadera importancia del país en el concierto de las naciones.

Fueron muchas las opiniones sobre la posible contribución española a la reconstrucción del orden económico mundial, totalmente desarmado como efecto de esta crisis económica que sufre todo el planeta.
No está muy clara la importancia que tendría para España una mayor participación en los lugares de decisión verdaderamente cruciales en este momento, cuando los problemas de empleo, el aumento del número de parados y una recesión en ciernes son ya más que suficientes motivos de preocupación para el gobierno de Rodríguez Zapatero.

Para aquellos que insisten en una mayor participación de España en los lugares de decisión, como podría ser por ejemplo la titularidad como miembro en el G-20, hay varios datos irrefutables que avalan su posición: 1) Los datos objetivos y empíricos posicionan a España como la octava economía del mundo, con un PIB de un poco más de un billón de euros; 2) A nivel europeo, España está cómodamente instalada como la quinta potencia económica de la Unión Europea, con una renta per cápita de más de 24.000 euros anuales, a pesar de la crisis que actualmente castiga al país de manera tremenda.

Habrá que ver los esfuerzos que realiza el gobierno español para posicionarse aún mejor en el concierto de las naciones, teniendo en cuenta si esos esfuerzos valen la pena en función de los eventuales beneficios que se puedan obtener.

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