Los países que hasta principios de la década de los noventa orbitaron en torno a Moscú están atravesando una situación dramática debido a la crisis global y a su propia ineficacia.

Las esperanzas de una vida mejor con su ingreso a la Unión Europea se desvanecen, ya que la situación actual, sumados todos los factores negativos que confluyen en sus respectivos presentes, no deja ver un horizonte venturoso ni mucho menos.

Todas las luces rojas de alarma se encendieron en la Unión Europea a causa de las crecientes protestas populares en Europa central y oriental, con la consiguiente desestabilización política y el aumento de los conflictos sociales.

Casi todos los expertos auguran que la economía de los países de la región se contraerá en promedio un 5% este año, la inflación llegará en muchos casos a rozar el 15%, y el número de parados pasará en forma casi inmediata de 15 millones de personas a alrededor de 18 millones.

Y todo esto ocurre en momentos en los que Europa occidental ya no absorbe sino que expulsa a los inmigrantes por graves problemas de desempleo y un aumento desmesurado en el número de parados.

La situación es todavía más dramática en los países bálticos, donde la contracción de la economía puede llegar a superar el 15%.
Por todo esto los gobiernos de Europa oriental se vieron obligados a recortar todavía más los programas de ayuda social, ante la atenta supervisión de organismos financieros e instituciones como la UE, que no quieren que semejante crisis se expanda como una epidemia a toda Europa, empeorando aún más la crisis que ya soportan desde hace meses.

De más está decir que la situación política en estos países no es la mejor, y de hecho la crisis ya se cobró la primera «víctima», al renunciar en Letonia el presidente del gobierno de centro-derecha de ese país, Ivars Godmanis.

No les va mejor a países como Lituania, Rumania y Bulgaria, con movilizaciones de casi todos los sectores sociales, hastiados de la corrupción y la falta de expectativas. Polonia, Hungría y Letonia ven como su economía se desliza en un plano cada vez más inclinado y poco pueden hacer para solucionarlo.

En resumen, no hay país de Europa central y oriental que no esté atravesando momentos más o menos desesperantes, y lo peor de todo esto es que no se vislumbre la solución ni siquiera en el horizonte lejano para una crisis que ya es muy grave en países desarrollados como los de Europa occidental.

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