La situación de Arabia Saudita e Indonesia, miembros del G-20, frente a la crisis global

Arabia Saudita e Indonesia, aunque muchos no lo recuerden o los tengan en consideración, son miembros titulares del G-20 y como tales participan con plenos derechos en las reuniones de ese grupo, que en la actualidad cobran inusitada importancia por la crisis económica global.

El caso de Arabia Saudita presenta algunas particularidades, ya que es el único miembro del G-20 que a la vez pertenece a la OPEP, o sea a la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Siendo éste uno de los insumos básicos para prácticamente todo el mundo, el país árabe es parte de lo que podríamos llamar «ambos lados del problema», ya que por un lado intenta mediar con el G-20 para lograr equilibrio en las balanzas comerciales del mundo, y por el otro su economía depende casi exclusivamente de una materia prima que puede desbalancear cualquier acuerdo bilateral o multilateral entre las naciones.

A pesar de su enorme riqueza en petróleo, la crisis global provocó una caída en la demanda de energía que repercutió de manera terrible en la economía Saudí.

Las industrias petroleras en su territorio están recortando empleos, y el número de parados va en aumento. Según el FMI, los países árabes de la región alcanzarán en el 2.009 un déficit fiscal récord del 3,1% del PIB, una caída inusitada si la comparamos con el superávit del 22,8% que se alcanzó durante el 2.008.

Como parte de su programa de reestructuración, el Rey Abdullah «destituyó» al Presidente del Banco Central saudí.

En cuanto a Indonesia, la globalización de los últimos años le trajo muchos beneficios, puesto que numerosas empresas de todo el mundo se instalaron en su territorio.

Si embargo, esa misma tendencia globalizadora en los últimos meses desparramó la crisis por todo el mundo, haciendo que la producción industrial de Indonesia sufra una abrupta caída por efecto de la merma en las exportaciones, con los consiguientes problemas de empleo y crecimiento del número de parados.

El Gobierno del presidente Susilo Bambang Yudhoyono ya tiene de por sí dos problemas que vienen desde antes de la crisis y que no son de fácil solución: una deuda externa de casi 152.000 millones de dólares y una terrible crisis de corrupción entre los funcionarios de su gobierno.

Lo concreto para ambas naciones miembros del G-20, es que por una razón u otra, las dos se ven atravesando momentos de extrema gravedad ante la crisis que castiga a todos, sin importar región ni potencial económico.

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