Crisis global en Europa: ¿se está haciendo algo a nivel grupal?

Cuando se llevó a cabo la última reunión del G-20 en Londres en Abril pasado, el Primer Ministro británico Gordon Brown, lanzó palabras grandilocuentes que sembraron, al menos, algunas dudas.

“Éste es el día en que el mundo se unió para combatir la recesión y crisis global y comenzar a dejar atrás esta terrible situación, trabajando todos juntos en pos de una solución”, afirmó el anfitrión del cónclave.

Sus palabras sonaron al menos un poco exageradas. Existía la idea entre los mandatarios asistentes y la casi totalidad de los medios periodísticos del mundo presentes en el Reino Unido, que las naciones iban a trabajar obviamente en busca de una solución beneficiosa para todos los países, pero parece que nadie pensaba seriamente en dejar de lado sus conveniencias personales y realizar grandes sacrificios grupales.

De hecho no hubo después de las reuniones de los gobernantes ningún plan con bases verdaderamente sustentables para la recuperación global de la economía, ni un compromiso serio para realizar reformas de estímulo fiscal, ni planes de infraestructura internacionales en cuanto a obras públicas para tratar de mejorar la grave crisis por la atraviesa el empleo en la mayoría de los países que se encontraban reunidos allí en Londres.

Y las presunciones de los agoreros parecen no haber estado al menos del todo equivocadas. Todavía, a casi dos meses de la reunión, quedan por ver qué tipo de reformas de las que se expusieron en ese momento realmente se materializarán.

Aunque parezca raro, la recuperación y las reformas no dependen necesariamente en su totalidad de lo que intente hacer el G-20 de manera conjunta.

Si hacemos memoria y volvemos a la anterior gran crisis económica que comenzó en Asia allá por 1.997 y se expandió principalmente a Rusia, Brasil, Argentina y otros muchos países, el entonces presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, dijo que no se podía seguir pensando en los Estados Unidos como un oasis de prosperidad en medio de un mundo tan tensionado.

A pesar de eso, la economía norteamericana siguió creciendo durante la crisis como si estuviera dentro de una burbuja que finalmente explotó y terminó en la recesión estadounidense del 2.001.

Nadie debería sorprenderse si en esta actual crisis la economía de la administración de Barack Obama revierte su situación y comienza a crecer mientras el resto del mundo continúa debatiéndose en los problemas de desempleo y recesión.

Esa sería la prueba irrefutable de que, aunque el G-20 se proponga salir de esta situación en conjunto, siempre habrá acciones individuales que diferencien a las grandes potencias del resto y dificulten una acción mancomunada en la lucha contra el flagelo económico que en estos meses azota al mundo.

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