Por su fuerte presión tributaria, Argentina está en condiciones de enfrentar la crisis global

Dentro de los países que conforman el bloque latinoamericano, la República Argentina se encuentra en el segundo lugar entre los países que mayor presión tributaria aplican sobre los contribuyentes, según un informe emitido por la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

Este hecho, de por sí no muy conveniente para el pueblo argentino por la magnitud de los impuestos que deben abonar al Estado, hace sin embargo que el país se encuentre fortalecido en épocas como la actual, con la crisis económica global arrasando la economía de muchos países del planeta.

La presión tributaria en Argentina es de un 29% en relación a su PIB, cifra que sólo es superada por Brasil con un 36% del PIB.

La secretaria ejecutiva de Cepal, Alicia Bárcena, señaló que en tiempos de crisis generalizada como la actual, la alta presión tributaria hace que el riesgo fiscal disminuya, con lo cual estima que esta política fiscal es la que mejores resultados da en estos casos.

En el documento que emitió el Cepal, se asegura que una carga tributaria elevada trae aparejada la posibilidad de una mejor reasignación de los recursos del Gobierno en un contexto mundial de escaso acceso a otras fuentes de financiamiento externo.

Históricamente, Argentina se caracterizó por una política tributaria alta, lo que hace que a pesar de los dolores de cabeza que esa situación pueda acarrearle a los contribuyentes, en estos momentos la población no percibe demasiado la diferencia con lo que ocurrió siempre, y en contrapartida este hecho resulta en las presentes circunstancias muy conveniente para las arcas del Gobierno, que necesitan imperiosamente tener fondos para poder reutilizarlos, por ejemplo, en planes de ayuda social y obras de infraestructura pública para mantener el nivel de empleo más o menos controlado y evitar que se dispare el índice de desempleo y el número de parados.

La situación en Brasil es muy similar a la argentina, el nivel tributario es el más alto de la región latinoamericana, y el gobierno de Lula Da Silva lo está aprovechando al máximo con el mismo objetivo que la presidenta argentina Cristina Fernández, es decir mantener la faz social de su gobierno bajo control, como principal causa para el restablecimiento definitivo de al menos una cierta estabilidad y tranquilidad económica.

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