Barack Obama quiere cambiarlo casi todo para mejorar el sistema

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quiere una profunda reestructuración de la política económica de su país, pues es consciente que la imagen de los Estados Unidos en el exterior ha sido dañada por esta crisis económica que tuvo origen en territorio estadounidense para luego expandirse a casi todo el mundo, y que además el propio pueblo norteamericano está atravesando por una caída importante en la credibilidad a sus gobernantes.

No está dispuesto a tener que pasar por otras crisis de la magnitud de la actual, y es por esto que hace pocas horas propuso un paquete de nuevas medidas financieras para evitar nuevas debacles.

No duda Obama en reconocer “la gran cantidad de errores que se cometieron en las anteriores y aún en la actual administración, que se fueron sumando a lo largo de los años para desembocar en la hecatombe del año pasado”.

Entre los principales responsables de la actual situación coloca a Wall Street, en donde asegura que se instaló una cultura de la irresponsabilidad, al igual que en muchos sitios estratégicos de Washington y en otras zonas de vital importancia para el país.

También le atribuyó parte de las responsabilidades a la población en general, aunque admitió que su parte de culpa en el grave problema en el que hoy está inmersa la nación “es muchísima menor”.

El plan general de Obama basa su accionar en darle una nueva y mayor autoridad a la Reserva Federal (el Banco Central de los estadounidenses), en un gran aumento sobre el control de Wall Street, y sobre todo en una reforma integral y a fondo de los mecanismos que regulan el sistema financiero, que no fueron sustancialmente modificados y adecuados a los mercados modernos desde la época de la Gran Depresión.

Christina Romer, que es la presidenta del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, dijo tras las declaraciones del presidente Obama que el proyecto del gobierno fue planificado para lograr un “equilibrio adecuado”, y que de ninguna manera pretende ensañarse con algún sector en particular de la economía norteamericana y “torpedear el sistema”, sino todo lo contrario, es decir sentar las bases de una nueva forma de convivencia entre los distintos estratos sociales, con beneficios significativos pero lógicos para todos.

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