Según el Secretario General Iberoamericano, la crisis global podría durar años

A fines del año pasado el titular de la Secretaría General Iberoamericana, Enrique Iglesias, vaticinó en declaraciones que hizo en Uruguay que la crisis económica global puede llegar a estar entre nosotros varios años y que sus consecuencias son al día de hoy imprevisibles.

Lo concreto es que el encadenamiento de los hechos desde fines del 2.008 hasta ahora parecen darle la razón, porque el tiempo sigue transcurriendo y la sensación generalizada es que la crisis tiende a ir mutando, pues pasa de un sector de la economía a otro, expandiéndose con mayor a o menor velocidad pero sin tender a desaparecer.

La globalización, que en muchos aspectos en los últimos tiempos jugó a favor de las relaciones entre los países, ahora muestra su lado más preocupante, ya que se muestra como un agente vehiculizador para que la crisis pase de una región a otra sin previo aviso, complicando todavía más la situación como si se tratase de otra pandemia como la de la gripe porcina.

Volvió a mencionar la tesis según la cual esta crisis es en realidad la sumatoria de otras crisis más pequeñas y específicas, que confluyeron para dar origen a esta problemática que perjudica a casi todas las naciones el mundo.

Estas pequeñas crisis globales que se unieron son energética, alimentaria, ambiental, de seguridad y financiera.

Todas provocaron serios problemas, unas más en algunos países y otras en otros, pero ahora los inconvenientes se han globalizado y nos encontramos frente a un panorama de difícil solución a nivel mundial.

Ahora los inconvenientes se van entretejiendo, y forman un panorama crítico que ya se hizo ingobernable en muchos aspectos a pesar de los esfuerzos gubernamentales mundiales por minimizarlos.

Iglesia es un ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y como tal conoce muy bien el sistema bancario de Latinoamérica, el cual asegura que es una de las principales defensas de la región para hacer frente a la crisis, ya que no se encuentra contaminado por las inversiones de alto riesgo que tanto dolor de cabeza trajeron en los Estados Unidos y muchos países de la Eurozona.

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