La reciente cumbre del G-8 no produjo grandes novedades

La cumbre del G-8 que tuvo lugar hace 20 días en Italia no dejó demasiadas novedades.

Los gobernantes de las principales potencias del mundo, en gran parte responsables de la terrible crisis global que hoy en día afecta a casi todo el mundo, parecen decididos a continuar con un plan perfectamente orquestado para lograr que todo cambie para que nada cambie.

Hubo discursos grandilocuentes, promesas de medidas de fondo que parecen a todas luces carentes de contenido, y el convencimiento de seguir por el mismo camino que nos ha llevado a todos a una situación límite, en lo económico y lo social.

Uno de los hechos más concretamente percibidos a la luz de los acontecimientos es que el G-8 perdió protagonismo en el manejo de la crisis económica global, y hoy por hoy ya es necesario hablar de un G-13, G-14, G-20 ó G-43, ya que las principales potencias por sí mismas, sin la colaboración directa y fundamental de los países emergentes y otros de la Eurozona cada vez más influyentes, como es el caso de España, son incapaces, aún con los Estados Unidos a la cabeza, de hacerse cargo de la situación.

El premier italiano Silvio Berlusconi quiso darle a esta cumbre un perfil más humano, al elegir como ciudad anfitriona a L’Aquila, que fue devastada por un terrible terremoto hace apenas tres meses y todavía a la espera de una verdadera ayuda gubernamental.

Pero esta estrategia produjo más rechazos que adhesiones, ya que lo único que quedó en la retina de los cientos de millones de espectadores que siguieron la cumbre por T.V. es lo poco que se hizo en la reconstrucción de la región.

Pocos creen en que finalmente se concrete la anunciada ayuda de 20.000 millones de dólares en los próximos tres años para enfrentar la crisis alimentaria que castiga a buena parte del llamado “tercer mundo”, ya que por un lado ese dinero no es suficiente y además el G-8 ni siquiera piensa en cuestionar el modelo que llevó a esa situación en materia nutricional a los países más desposeídos.

En realidad en la cumbre se habló de concluir la ronda de Doha en el 2.010, con la consecuente liberalización económica. O sea que se actúa en dirección contraria a lo que se pregona.
Más libre comercio es causa inequívoca de más hambre, que es contra lo que supuestamente se está luchando.

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