En Estados Unidos, los hogares insolventes por la crisis se multiplicaron por cuatro

Los Estados Unidos comienzan de a poco a mostrar algunos signos de estabilidad y recuperación económica, pero las consecuencias que esta crisis global que ellos mismos originaron se observan en los consumidores siguen siendo en muchos casos devastadoras.

Durante el pasado mes de Julio, el número de personas que debieron declararse insolventes por no poder pagar las deudas de sus tarjetas de crédito y otros tipos de préstamos creció casi un 35%.

En todo el territorio norteamericano se hicieron efectivas más de 126.000 solicitudes de suspensión de pagos, lo cual cuadruplica los pedidos del mes anterior y es el valor mensual más elevado desde octubre del 2.005, que fue un mes muy particular porque precedió la entrada en vigencia de nuevas reglamentaciones para esquivar el pago de deudas originadas por tarjetas de crédito y préstamos para el consumo.

Estos datos certifican que el “estrés financiero” de los hogares estadounidenses lejos de desaparecer se mantiene e incluso adopta guarismos cada vez mayores, puesto que se cuentan por millones las familias que mes a mes incrementan sus dificultades para poder pagar a fin de mes sus facturas y deudas contraídas. Los ingresos familiares lejos de aumentar siguen recortándose, y no se vislumbra una mejora significativa en tanto la tasa de parados se mantenga por encima del 10% de la población económicamente activa.

El mercado laboral en los Estados Unidos sigue cuesta abajo, pues si bien se crearon algunos cientos de miles de empleos, muchas de las personas que los tomaron están subocupadas con respecto a sus actividades previas a la crisis y por lo tanto ha caído su nivel de vida repercutiendo directamente en los índices de recesión y parálisis económica y comercial.

Los 371.000 empleos perdidos en Julio, al comienzo del tercer trimestre, indican que la recuperación total está todavía muy lejana, ya que es una cifre muy alta para una economía que está acostumbrada a crecer más del 3%.

El dato es alentador si se compara con los casi 465.000 empleos perdidos en Junio, pero aún está lejos de poder considerarse como “bueno”, a pesar de ser la mitad de los puestos de trabajo que se perdieron en el momento más grave de la crisis.

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