Debido a la crisis los italianos reavivan todo tipo de protestas, por extrañas que parezcan

En Italia siempre las protestas tuvieron un tinte algo distinto al de la mayoría de los países del mundo.

Será su sangre latina, su carácter fuerte y extrovertido, o alguna mezcla extraña de varios factores, pero no pueden con su genio y allí donde muchos esperarían por un resultado acorde a sus peticiones, ellos están a los gritos.

Y esta crisis económica global por la que atraviesa Italia y la inmensa mayoría de las naciones del mundo hace que estas protestas se multipliquen y adopten formas algunas veces bastante extrañas.

Esta vez la protesta fue en la cima del celebérrimo Coliseo, casi a cincuenta metros de altura.

Durante el último fin de semana, siete guardias de una Empresa de seguridad pasaron dos días en la parte más alta de uno de los monumentos cumbre de la mítica Roma Imperial para protestar por la privatización de su lugar de trabajo, llamado Istituto Vigilanza Urbe, que cuenta con una plantilla de casi 950 empleados.

Se treparon a la parte más elevada el Coliseo el último viernes por la tarde y allí están todavía esperando por una respuesta que satisfaga sus reclamos de lo que ellos consideran puede ser la pérdida de sus empleos en estos momentos de crisis laboral y social.

Comen y beben lo que les alcanzan sus compañeros desde la parte baja a través de una cuerda, y aseguran que no se bajarán hasta que el problema laboral se solucione.

La situación social de Italia, al igual que en muchos países de la Eurozona, está seriamente resquebrajada por la caída del empleo y el elevado número de parados en casi todos los rubros de la actividad industrial, comercial y del área de servicios.

Las protestas de la población están a la orden del día, y a pesar de que en ciertos guarismos se nota una leve mejoría de los parámetros económicos que podrían indicar el comienzo de la salida de la recesión de algunos de los países de la región, tal el caso de Alemania y Francia, la situación a nivel global todavía es muy comprometida.

No es esta la primera protesta algo inusual en Italia, ya que hace un par de semanas en Milán cinco trabajadores, entre ellos un representante sindical, estuvieron más de una semana subidos a lo más alto de una grúa de diez metros de altura para protestar por el inminente cierre de la fábrica donde trabajan junto a 50 compañeros, y lograron su objetivo cuando a través de la expansión de la noticia apareció un comprador para la fábrica en la que trabajan, que aseguró la continuidad laboral de todos los trabajadores.

Por lo visto los italianos están a la cabeza de cuanta protesta extraña se pueda llevar a cabo con tal de mantener los puestos de trabajo en estos difíciles momentos por los que atraviesa Italia y buena parte del mundo.

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