¿Tendrá España que pasar nuevamente un otoño demasiado duro?

Caminar por cualquier calle de Alicante, Albacete, Segovia o la ciudad de España que más os plazca no hará variar sustancialmente el panorama. Se verán albañiles por todos lados ensanchando las veredas para luego volver a hacerlas angostas, plantando árboles donde ya hay muchos, colocando luminarias en los sitios más iluminados de la ciudad, y en fin, cualquier despropósito podrá observarse a la sombra de un gran cartel en el que seguramente figurará el monto de la obra en cuestión.

Todo ese dinero saldrá del Fondo de inversión local que desde el mes de marzo llenó de carteles las calles de innumerables ciudades españolas.

Pero hoy en día las autoridades se han comenzado a dar cuenta de un mínimo detalle: la obra y el trabajo se acabaron, lo que se hizo no sirve demasiado, por ser muy optimistas, y otra vez los parados andan deambulando en busca de algún otro empleo.

La administración de Rodríguez Zapatero puso en marcha este plan para intentar frenar la escalada del paro en España cuando éste se acercaba a la fatídica cifra de 4.000.000 de personas, que ya quedó obsoleta hace varios meses.

Era tarea primordial de las autoridades intentar frenar el avance del desempleo en el sector de la construcción, que es un eje fundamental del trabajo en España y en dos años se cargó 851.000 empleos.

Se invirtieron entonces 8.000 millones de euros con éxito. Según Toni Ferrer, secretario de Acción Sindical de UGT, se generaron 415.000 empleos en forma temporaria, lo cual era la finalidad que se perseguía, y esto se logró con creces.

Pero ahora los efectos se empiezan a disipar, tal como lo muestran las cifras de agosto, la amenaza del paro vuelve a hacerse muy perceptible, se acerca el otoño y todo hace suponer que al igual que el del 2.008, estos meses que vienen van a ser realmente muy duros.

José María Lacasa, el secretario general de CEOE, coincide con estas apreciaciones y cree que “vamos a tener por delante unos meses muy duros en términos de destrucción de empleo”.

Parece que en España se ha convertido en una tradición que del final de la temporada turística siempre se sale con un mal otoño. Y este año la crisis global hará que seguramente se magnifiquen las consecuencias del alejamiento por doce meses del Sol estival.

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