Muchos temas para una complicada cumbre del G-20 en Pittsburgh

La recientemente finalizada cumbre del G-20 que se llevó a cabo en Pittsburgh, en los Estados Unidos, resultó una reunión de mandatarios en la que pareciera que los principales temas que debían tratarse fueron abordados, por lo menos, parcialmente.

El anfitrión de la cumbre, el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, dijo tras terminar el cónclave que “hemos sacado al mundo del borde del abismo”, haciendo alusión a la acción conjunta de los gobiernos que permitieron sobrellevar el caos económico que reinaba en el mundo hace apenas unos cuantos meses por efectos de la crisis global.

Pero no es menos cierto que esta cumbre de los mandatarios del G-20 se vio parcialmente eclipsada, por lo menos en los Estados Unidos, por la crisis paralela que ese país mantiene con Irán, y que ocupó gran parte del tiempo de la opinión pública norteamericana.

La declaración final del mandatario anfitrión fue bastante vaga y poco concreta, y en ella Obama se mostró muy satisfecho de los resultados obtenidos en la misma, los que tal vez sean difíciles de enumerar.

Hizo especial hincapié en que se había logrado crear el marco para asegurar una prosperidad sostenida en el mediano y largo plazo, lo que evidentemente concuerda con el anhelo de todos los presentes pero es algo que se ve al menos por el momento como bastante difícil de conseguir.

La prueba máxima de la importancia que realmente tuvo esta cumbre para la población, al menos la estadounidense, la dio la conferencia de prensa final, donde apenas una pregunta tuvo que ver con aspectos relacionados con la cumbre en sí, y en realidad se referían a los conflictos callejeros que se produjeron durante el transcurso de la misma.

Todo el resto de la reunión con la prensa giró en torno al tema Irán.
Barack Obama trató en todo momento de “salvar” la conferencia haciendo continuas menciones a la reunión de los mandatarios que se acababa de llevar a cabo, en la cual se reforzó la idea de la cuota de responsabilidad que todos los gobiernos tienen que asumir en estos momentos para poder dejar atrás definitivamente los efectos negativos de la crisis, sin dejar que sean los Estados Unidos los únicos responsables de solucionar los problemas, aunque en realidad hayan sido ellos los que los causaron hacia mediados del año pasado.

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