En medio de la crisis global, Europa enfrenta otra guerra de aranceles

La crisis económica global por la que está atravesando Europa y casi todo el mundo dese hace ya más de un año, deja exhaustos y sin demasiadas ganas de discutir de nada a los responsables de las áreas económicas de los distintos países.

Pero siempre surgen nuevos problemas que hacen dificultosa la convivencia, al menos a nivel financiero y comercial.

Ahora la Unión Europea vuelve una vez más a enfrentar el dilema de permitir el libre comercio global o buscar los mecanismos de defensa que le permitan defender la industria regional, demasiado castigada por la crisis.

Dentro de pocos días Bruselas deberá tomar una decisión si se prorrogan los aranceles antidumping que entraron en vigencia en el año 2.006, antes de la crisis, para toda la industria del calzado de piel y cuero que se importara desde China y Vietnam, y que buscaban castigar en cierto modo la venta de esos productos por debajo de su coste y las prácticas de competencia desleal para con los fabricantes europeos.

Se piensa en prorrogar los aranceles otros quince meses, lo que favorecería a las empresas europeas que fabrican en esos países de Asia a un precio casi vil.

Las aguas vuelven a dividirse y un acuerdo parece bastante difícil de alcanzarse, ya que los demás productores que fabrican el calzado en territorio europeo, como por ejemplo los españoles y los italianos, que son los primeros fabricantes de Europa, sería un alivio la derogación de esos aranceles.

Para muchos, la industria europea del calzado entró en una situación crítica desde el 2.006, y ahora se ha visto agravada por la crisis global que empeoró todavía más el panorama.

El gravamen antidumping es considerado por muchos como las dos caras de una moneda, ya que puede aliviar la situación de los productores frente a la competencia a mediano plazo, pero crea desde otro lugar serios inconvenientes a importadores y distribuidores, que contribuyen a la economía de os países de la región de una forma que no siempre es valorada como debiese serlo.

Catherine Ashton, la Comisaria europea de comercio, afirma que todavía no hay decisión tomada sobre las propuestas que se hará a os Estados miembros, “pues es una situación delicada que requiere de un estudio minucioso de las consecuencias que puede traer”.

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