En Estados Unidos muchas empresas salvadas con dinero público limitan los salarios de sus directivos

El ánimo del habitante común de los Estados Unidos dista mucho de ser el mejor. A los muchos problemas laborales y financieros que esta crisis global les trajo, se le suma un sentimiento de rabia e impotencia creciente que poco hace para calmar la situación y poder ver el futuro de una manera más esperanzadora.

Para tratar de calmar un poco las aguas, el Tesoro y la Reserva Federal del país tuvieron que recortar en forma drástica las remuneraciones en Wall Street.

Por una parte, Washington recorta el sueldo y las primas de los principales ejecutivos de aquellas empresas que fueron más beneficiadas por el tremendo plan de ayuda que la administración de Barack Obama tuvo que poner en marcha para rescatarlas de una quiebra segura.

Al mismo tiempo, dictó una serie de medidas para evitar que los sueldos de los ejecutivos de las principales instituciones bancarias les hagan tomar riesgos financieros más allá de lo aconsejable.

Ben Bernanke puso hace un par de días el dedo en la llaga al pedir en forma vehemente que se avance en la reforma de los controles al sistema supervisor financiero.

Según él, es inadmisible que en medio de una crisis sin precedentes que está viviendo el pueblo de los Estados Unidos, haya ejecutivos bancarios y de grandes empresas que finalmente fueron salvadas con dinero del Estado, es decir con dinero de todos, que todavía perciban en concepto de remuneraciones cifras millonarias.

Consideró a la política de sueldos de los ejecutivos como una de las principales causas del desastre económico que viven los Estados Unidos y casi todo el mundo desde hace más de un año.

La Fed tiene bajo la lupa a por lo menos 28 entidades, y está haciendo de policía en Wall Street. Entre estas empresas hay algunas de proporciones realmente monumentales, que en su momento debieron recibir miles de millones de dólares para poder seguir subsistiendo, como es el caso del Citigroup, Bank of America, AIG, Chrysler, General Motors y varias otras.

El sentimiento del ciudadano de los Estados Unidos es contradictorio. Por un lado consideran que la ayuda a esos monstruos preservó en parte el empleo de cientos de miles de estadounidenses, pero por otra parte la pregunta que circula por las calles de las ciudades norteamericanas es, más o menos, ¿por qué a ellos se los ayuda de esa forma indiscriminada y a nosotros, simples mortales en problemas, nos dejan poco menos que librados a nuestra propia suerte?

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