La crisis en España no perdonó a nadie, y menos a los pequeños comercios

La crisis económica global que en España más que en la mayoría de los países de la Eurozona y la UE ha causado y en algunos casos sigue causando verdaderos estragos, provocó ya el cierre de alrededor de 40.000 comercios y continúa avanzando a un promedio de 100 cierres diarios.

Es lógico que este hecho sea un verdadero mazazo para el empleo y el inusitado nivel de parados que se encuentra en territorio español.

El mapa comercial de las principales ciudades españolas está sufriendo grandes cambios por la recesión y una planificación urbana que desde hace ya varios años viene priorizando, como en las principales ciudades del mundo, los grandes centros comerciales por sobre las añoradas pequeñas tiendas familiares de lustros o décadas atrás, aquellas con las cuales muchos de nosotros crecimos y convivimos.

En medio de esta caída drástica del consumo interno provocada por la falta de capacidad de compra de las familias, en las cuales prácticamente no es posible no encontrar a alguien que esté en el paro, los pequeños comercios son los más sufren las consecuencias de la caída de las ventas, con una capacidad de amortiguar los menores ingresos muy disminuida.

Muchos pequeños comerciantes que han sido censados en las últimas semanas para comprobar el real estado de sus finanzas y cuánto podrán soportar esta situación, aseguran que de no producirse un vuelco inmediato y de gran envergadura en las ventas, las posibilidades de subsistencia de sus comercios no va más allá de los seis meses, como mucho.

La Asociación de Trabajadores autónomos (ATA) estima en al menos 100 las tiendas que a diario bajan sus persianas para lamentablemente no volver a subirlas, ya que el consumidor medio, cada vez más cuidadoso de su dinero y por lo tanto proclive a las ofertas que sólo las grandes tiendas pueden ofrecerles, ha dejado a las tiendas de barrio para casos de emergencia y los imprevistos que pueden producirse en cualquier hogar.

El comercio minorista, que hasta antes del comienzo de la crisis tenía una fuerte presencia en España, perdió rápidamente terreno a favor de los grandes centros comerciales ubicados la mayoría de las veces fuera del trazado urbano y con variedad, posibilidades de pago y ofertas que las pequeñas tiendas no pueden brindar, más allá de una cálida y personalizada atención.

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