De aquí a diez años, China será ángel y demonio para Latinoamérica

En la actualidad el gigantesco consumo que debe realizarse en la China para poder abastecer a su población está llevando sin dudas al alza los precios de las materias primas que son la principal fuente de ingresos por exportaciones de la inmensa mayoría de los países de Latinoamérica.

Como ejemplo podemos mencionar que mientras las ventas de coches se desploman en los Estados Unidos, impactando de lleno en las fábricas de autopartes de México, estas mismas ventas crecieron desmesuradamente en China, arrastrando tras de sí más y más importaciones de combustibles, petróleo, cobre y todo tipo de minerales y metales para la industria metalmecánica.

Según estimaciones del Deutsche Bank, en la próxima década las importaciones chinas de petróleo tendrán que crecer al menos un 22%, las de cobre un 17%, las de madera 13% y las carnes porcinas no menos del 12%.

Todas son materias primas producidas en cantidad y calidad necesarias por el bloque latinoamericano, sobre todo Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, los países andinos…

Pero en esta década que viene, China podrá transformarse en nuestro ángel salvador pero seguramente sí se transformará en el reto más grande de América Latina en toda su historia. Todo lo que pase en China tendrá consecuencias directas, para bien o para mal, en la región latinoamericana.

Los grandes centros económicos mundiales se están desplazando indudablemente a Asia. Antes el que debía estornudar para que Latinoamérica se resfriase era Estados Unidos, en poco tiempo más el paciente a cuidar será sin dudas China y sus vecinos asiáticos.

El eje del Atlántico, con los Estados Unidos de un lado y Europa del otro está dejando de ser “el centro del mundo”, y en un futuro no lejano le habrá llegado el turno al eje del Pacífico, con Asia de un lado y Latinoamérica del otro.

La crisis económica global que todavía muestra sus coletazos, lejos de enfriar estas nuevas alianzas las puso en el centro de un nuevo escenario comercial, financiero y hasta político que el nuevo eje debe aprovechar al máximo a favor de sus postergados pueblos.

La alianza comercial China/Latinoamérica se convirtió desde el 2.008 en la mayor fuente de intercambio de productos del mundo, logrando cifras de comercio bilateral por ejemplo entre Brasil y China que hasta hace no más de cinco años parecían inalcanzables.

Quizás sea el momento en que Latinoamérica pueda comenzar su despegue, lento y dificultoso, después de siglos de colonización y sojuzgamiento.

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