El gran dilema: ¿Después de Grecia viene España?

La creciente debilidad del euro demuestra el escepticismo de los mercados mundiales sobre la moneda común de la Eurozona.

A largo plazo parecen insalvables las diferencias entre las grandes economías como Alemania y Francia, y otros países con una base industrial menos desarrollada, como es el caso de España, que en los últimos tiempos se beneficiaron con acceso a créditos baratos que se usaron en gran parte para darle de comer a un tan pujante como especulativo y peligroso mercado inmobiliario.

Por un lado, países con cuenta corriente con alto superávit (Alemania, Francia, Holanda) ; por el otro, naciones claramente deficitarias como Grecia, España y Portugal.

Cuando se decidió darle origen a la Eurozona, probablemente no se pensó a largo plazo en las dificultades que traería la unión de países con realidades tan desiguales.

Un euro fuerte le permite a Alemania seguir exportando, pero es suicida para España ya que es un país caro por ejemplo para un inglés que está buscando comprar una propiedad en una zona de playas.

El BCE tiene por delante un enorme reto, de acuerdo a las declaraciones de Jorge Suárez Vélez, el conocido economista: debe articular una política monetaria que tenga sentido para todos los países pertenecientes a la zona euro, de lo contrario la “sociedad” está llamada a sucumbir más tarde o más temprano.

Alemania le ha prometido a los griegos una gran ayuda, pero todos sabemos que esa ayuda no será eterna, sino más bien bastante transitoria.

Conforme el problema se extienda a economías más grandes también en problemas como la española, tanto Alemania como Francia verán finalmente que el costo político de la ayuda será a mediano plazo sumamente excesivo, y por lo tanto esta ayuda pasará a ser de escaso monto o incluso a desaparecer.

Al parecer la banca española lleva meses ocultando una realidad financiera bastante más frágil que los reportes que los grandes Bancos dan a conocer.

Basta a modo de comparación con decir que siendo la española una economía de la décima parte del tamaño de la de los Estados Unidos, el número absoluto de propiedades en venta en ambos países es el mismo.

Y el problema inmobiliario no tiene precisamente en España perspectivas de mejorar a corto o mediano plazo, sino más bien todo lo contrario…

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