Las poblaciones pobres y las crisis económicas

En un trabajo que dio a conocer hace poco, la argentina Nora Lustig, que es Doctora en Economía y Rectora de la Universidad de Puebla en México, hizo interesantes disquisiciones acerca de la pobreza en tiempos de crisis.

Afirma Lustig que los gobiernos deben contar con instrumentos y planes que puedan amortiguar los efectos de las crisis en las clases más bajas de la sociedad.

Y esto es algo que en general no ocurre en las naciones de Latinoamérica, puesto que los programas que tienen en vigencia para combatir la pobreza crónica no son para nada eficaces, salvo ciertas y muy puntuales excepciones.

La pobreza crónica es combatida como se puede, pero no suele haber manera de ampliar estos planes de ayuda o el número de beneficiarios cuando el ingreso de las clases más desprotegidas cae o el número de personas por debajo de la línea de pobreza sube como consecuencia de situaciones como esta crisis global que desde fines del 2.007 viene impactando en casi todo el mundo.

Esta crisis repercutió obviamente en América Latina, y es por eso, entre otras razones, que para Lustig la tasa de crecimiento promedio del conjunto de los países de la región durante el presenta año será muy baja, incluso con países donde la contracción ha sido tan grande que no se espera que el PIB termine el 2.010 con cifras positivas.

Este último caso se podría dar en algunos países de Centroamérica como por ejemplo en Haití, en donde a la pobreza estructural que lamentablemente arrastra desde hace años se suman las terribles catástrofes naturales por todos conocidas, lo que impide cualquier atisbo de crecimiento y hunde todavía más en la pobreza a las clases más desprotegidas y a la población en general.

Desde que el mundo es tal las crisis repercutieron negativamente en las poblaciones, y resultaron inversamente proporcionales al ingreso económico de la gente: cuanto menor es ese ingreso, mayor serán los efectos de la crisis que deberán soportar.

Para paliar los efectos de las crisis, y en mayor medida aquellas de la magnitud de la que está sufriendo el planeta desde hace algo más de dos años, los gobiernos suelen apelar a planes de ayuda y modificaciones sustanciales en las bases tributarias que terminan por volverse en contra de ellos mismos y, por obvia derivación, de la población en general y sobre todo de los más desposeídos.

Ninguna crisis es buena en el momento en que se está desarrollando, pero si la pobreza se ha hecho carne en la población que la sufre, la cosa es mucho más lamentable y la situación más difícil de remontar.

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