El Director Gerente del FMI cree que Brasil corre “serios riesgos” de sufrir una burbuja

El Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, alertó hace unos pocos días a los distintos ámbitos financieros internacionales que varios países de los denominados “emergentes”, como por ejemplo Brasil, Indonesia y algunos otros, están frente a un riesgo real de sufrir una nueva “burbuja” en el precio de sus activos, debida a la avalancha de capitales externos que se está insuflando en sus economías como consecuencia de esta crisis económica global que aún no nos abandonó totalmente.

En el caso de Brasil, el Presidente Lula Da Silva estableció un impuesto del 2% a las inversiones extranjeras en títulos de renta fija o variable en un intento por frenar las inversiones provenientes del exterior, una medida que el FMI ahora acepta en ciertas y determinadas circunstancias.

Para Strauss-Kahn los controles de ingreso de capital no son lo que podría considerarse una panacea para poder resolver el preocupante tema de las burbujas, pero consideró que son válidos bajo estrictos controles y si no queda otra opción que utilizarlos “temporalmente”.

Entre los métodos alternativos que el director del FMI cree más viables, piensa que la respuesta normal a una situación de esta índole sería permitir la apreciación de la moneda y que de esa forma los Bancos centrales acumulen reservas de divisas, aunque reconoció que varios de ellos ya tienen demasiadas en sus arcas.

Considera Strauss-Kahn que los controles de capital son una medida “legítima”, pero que su aplicación generalizada por parte de las naciones en la situación de Brasil o sus similares podría resultar contraproducente para el crecimiento mundial, ya que medidas de esta índole redireccionarían los fondos externos a países que muchas veces no tienen la capacidad para absorberlos y darles un fin productivo.

Es así que mientras hay decenas de países en el mundo “rogando” para que los inversores extranjeros traigan sus capitales a su territorio, otros, como en el caso de Brasil, están en estos momentos padeciendo una avalancha de ingresos de divisas de todas partes del mundo debido a las buenas perspectivas de su economía, y esta situación parece estar jugándoles en contra ante el peligro cierto de no poder hacer frente con su capacidad industrial y financiera actual a los riesgos de una gran cantidad de activos ociosos en sus mercados.

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