Los cambios que pretende hacer Obama se complican cada vez más

Hace ya un año que el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, está empeñado en hacer un cambio de fondo en la supervisión del sistema financiero estadounidense, terriblemente golpeado por la crisis financiera global casi por ellos mismos provocada.

Pero el paso de los meses complica las cosas, y una de las dos grandes reformas que quiere llevar adelante en su presidencia se enturbia cada día más.

No lo ayuda la terrible oposición republicana en el Senado estadounidense ni tampoco parte de su propio partido, los demócratas moderados. Por esto debe ser muy cauto y actuar con suma prudencia para sacar adelante sus planes.

A su pesar debe ceder bastante más seguido de lo que quisiera a los pedidos de los “gigantes” de Wall Street.

Con cada obstáculo que se va negociando con la banca, pareciera que el plan de Obama se aleja más de la línea que se trazó al inicio de su gestión.

Su propósito de poner cada vez más límites a los excesos del sistema financiero estadounidense choca con frecuencia con una interminable lista de intereses creados, lo que dificulta en grado sumo su labor.

La propuesta del presidente de crear un organismo que proteja al consumidor de eventuales abusos en hipotecas, tarjetas de crédito y otros productos financieros no logra plasmarse. La Cámara de Representantes ya le dio el visto bueno antes de la última Navidad, pero en el Senado la cosa es mucho más difícil.

El Senador demócrata Christopher Dodd es uno de los pocos que al no aspirar a la reelección, no sienten la presión electoral sobre sus hombros y parece actuar conforme a su legítimo sentir y pensar.

Pero su decepción es tan grande ante la innumerable cantidad de obstáculos que debe sortear como presidente del Comité de Finanzas del Senado que dejó de escuchar a la Casa Blanca y abandonó la idea de crear un ente autónomo de control financiero.

Ya ni el mismo Obama insiste en la independencia de la Agencia de Control. Se conforma con que quede bajo la supervisión de algún organismo regulador ya existente, como el Departamento del Tesoro o la Reserva Federal.

Habrá que ver cuál es el final de esta historia a medida que progresen las sesiones en el Senado, de forma tal que se decida finalmente si el control a las entidades financieras se transforma en una realidad tangible o no pasa de ser un fracaso a las intenciones del poder ejecutivo norteamericano.

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