Los ingresos públicos de España, en caída libre desde hace dos años

La vicepresidenta económica del gobierno de España, Elena Salgado, dijo lacónicamente varias veces que “hay ingresos que no van a volver”. Y esta es una frase a la que recurre con una frecuencia no deseada cuando intenta explicar los 50.000 millones de euros de gastos en los que se ha metido el gobierno en un drástico plan de ajuste para ver de solucionar los múltiples problemas que la crisis económica global les ha traído a los españoles.

En los últimos dos años, los ingresos públicos pasaron de representar el 41,1% del PIB español a tan sólo el 34,6%. Durante el 2.009 a la caja del gobierno llegaron 65.000 millones de euros menos que en el 2.007.

Este es un dato tan preocupante como esclarecedor a la hora de mostrar la actual situación económica de España: ningún otro país de la Unión Europea sufrió semejante merma en su recaudación durante los últimos 24 meses.

En buena parte del mundo esta crisis global trajo la mayor recesión en muchas décadas, y esto podría sobrar como causal de semejante caída en los ingresos públicos. Pero lo concreto es que en ninguna nación de la Eurozona y aledaños la caída fue tan estrepitosa como en la península ibérica.

Los entendidos en el tema recurren a lo que ocurrió antes del momento más álgido de la crisis, cuando la recaudación aumentaba año tras año, e invariablemente se llevan por delante la burbuja inmobiliaria.

La economía española pareció cerrar los ojos ante la ilusoria subida de los sueldos y el nivel de vida de la población y se dejó engañar por la “ilusión inmobiliaria”.

No por nada entre 1.997 y 2.007 se construyeron más del doble de viviendas que en la década anterior. Esto trajo aparejado un importante aumento en el empleo asociado a la industria de la construcción y todo pareció marchar sobre ruedas.

La rueda de la abundancia empezó a girar y toda esta situación repercutió en una tan inesperada como bien recibida subida en los ingresos fiscales.

Esto sitúa el exceso, es decir los ingresos que no retornarán al decir de Salgado, entre 20.000 y 30.000 millones de euros. Lo que no es poco decir, ya que una cifra muy similar, 23.000 millones, es lo que destinó el Estado al pago de los intereses de la deuda pública.

España ha tenido varios años de bonanza anteriores a esta formidable crisis donde se produjeron ingresos a las arcas públicas que en las actuales circunstancias muy difícilmente vuelvan a repetirse.

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