Lo que dejó la primera gran crisis del euro

La Unión Europea acaba de aprobar lo que en la jerga financiera se denomina un bazoca, es decir un plan que sirva como arma para disuadir a los diferentes mercados de posibles ataques contra los países que se encuentran en problemas financieros y fiscales.

El plan de ayuda a Grecia avanza lentamente desde hace casi un mes, y todo indicaría que finalmente terminará ganando la posición que desde el principio sustentó Alemania, es decir una suerte de ayuda mixta, con préstamos bilaterales de los miembros de la UE pero también con una presencia importante del Fondo Monetario Internacional, quien hasta hace pocos días no parecía ser bien recibido en el seno de las tratativas.

De cualquier forma esta ayuda a los griegos operará como último recurso, cuando se compruebe fehacientemente que el país helénico no pueda seguir autofinanciándose en los mercados internacionales.
Loe “gurúes” de la economía no descartan nuevos ataques sobre las economías de los países que forman el nada apetecible grupo “PIGS”, es decir Portugal, Irlanda, Grecia y España.

¿Y por qué podrían producirse esos ataques? Simplemente porque las ayudas que llegado el caso podrían recibir esos países pueden considerarse mínimas frente a las monumentales obligaciones de pago que deben afrontar en un futuro próximo.

Basta señalar que Grecia debe hacer frente entre el 20 de abril y el 23 de mayo de nada menos que pagos por 16.000 millones de euros.
El FMI puede según sus cálculos ayudar a Grecia con unos 10.000 millones de euros, mientras que la zona euro podría aportar 20.000 millones adicionales.

Todos consideran que 30.000 millones de euros no serán suficientes para resistir una embestida de los especuladores.

Y llegado el momento se espera que ocurra lo mismo con los demás países del grupo PIGS.

Todo esto se transforma en un mensaje bastante confuso que no aclara las dudas del sistema financiero global y, por supuesto, no ayuda a la estabilidad y la credibilidad del euro, la moneda común de la Eurozona.

La crisis fiscal no se soluciona, se barre bajo la alfombra para esconderla, pero sólo por el momento. Los problemas tarde o temprano reaparecerán, y nadie confía en que puedan seguir encontrándose soluciones indefinidamente, a pesar del “blindaje” que se aprobó recientemente en Bruselas.

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