Los mercados europeos están preocupados por la poca acción del BCE

La Eurozona está atravesando momentos difíciles, y los mercados financieros europeos creen que el Banco Central Europeo no está haciendo las cosas en tiempo y forma como debería.

La decisión que tomó de dejar sin cambios los tipos de interés al 1%, el nivel más bajo desde que se instituyó el euro como moneda comunitaria y su reiterada negativa a poner en práctica medidas adicionales frente a esta crisis fiscal que ahora ensombrece nuevamente el horizonte de los países de la región, decepcionaron a la gran mayoría de los mercados europeos.

El euro no sólo no se recupera sino que continua su caída; las principales Bolsas de Europa que esbozan muy tibios síntomas de recuperación y poco tiempo después, muchas veces el mismo día, vuelven a desbarrancarse; y la deuda de los países en peores condiciones que les quita el sueño a todos y favorece el accionar de los inversores con no demasiados escrúpulos.

Todo se transforma en una mezcla explosiva frente a la cual el Instituto Emisor europeo parece no poder o no querer reaccionar.

El BCE insiste en que el precio actual del dinero es el adecuado para las circunstancias y para favorecer la recuperación económica. Su presidente, Jean-Claude Trichet, justifica esta decisión sobre todo en estos momentos en que la nueva crisis de deuda echa sombras sobre el crecimiento de la región.

Todos en la Eurozona confiaban en un gesto a favor de Grecia y el euro, que incluía una eventual nueva baja en el precio del dinero. Pero hasta ahora no hay ninguna señal de que esto vaya a producirse.

La hipersensibilidad que en estos días sufren los mercados hace que cualquier decisión, por ser tomada u omitida, pueda torcer el rumbo en un par de horas de los que está ocurriendo a nivel financiero en todo el continente.

No son pocos los analistas que han comenzado a declarar que la falta de noticias positivas se está transformando en algo tan perjudicial como las eventuales noticias negativas que se dan a conocer.

Las Bolsas europeas acumulan ya varios días consecutivos a la baja, y las palabras de Trichet al reconocer que la compra de bonos de algunos gobiernos para que sirva como dique de contención a la crisis con origen ahora en Grecia ni siquiera fue considerada, cayó literalmente como un balde de agua fría que dejó pasmados a todos.

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