El G-20 sabe que debe cambiar de estrategia para enfrentar la situación

Los integrantes del G-20 temen, porque saben a ciencia cierta que puede ser posible, que la crisis fiscal que enfrenta buena parte de la Eurozona termine por frenar la incipiente recuperación de la economía mundial después de la crisis económica global y se entre nuevamente en un peligroso proceso de recesión.

Este tema está desplazando hoy por hoy en la agenda del grupo internacional a aquellos relacionados con la reforma financiera que enfrentan muchos de los países miembros.

El hecho de reforzar la supervisión de las entidades financieras para evitar nuevos desbordes que conduzcan a crisis como la que todavía se está viviendo es compartido por todos, a pesar de las diferencias que se plantean sobre cómo implementar esa supervisión y los eventuales nuevos impuestos al accionar financiero de alto riesgo.

Lo que nadie quiere, por supuesto, es que esta crisis termine tomando la forma de una “W”, es decir que después de la recuperación se vuelva a caer en otra profunda crisis.

El ministro de economía de Sudáfrica, Trevor Manuel, sintetizó en parte el pensamiento de todos sus colegas al manifestar que “es importante que todos nos demos cuenta de cuán frágil es la recuperación”.

Pero lo concreto es que el panorama evolucionó (o involucionó) de forma tal que las recetas que aparecieron como salvadoras en las Cumbres de Londres o Pittsburgh, aquellas de mantener y reforzar los planes de estímulo, ya nadie se atreve a asegurar que ahora sean efectivas.

Por el contrario, sobre todo en Europa se habla por estos días de potenciar los planes de ajustes del déficit, algo diametralmente opuesto a lo conversado e implementado en anteriores reuniones.

Todos estos son los grandes interrogantes a los que deben hacer frente los ministros de economía del G-20 reunidos en la ciudad de Busán en Corea del Sur, como preparatoria de la reunión de los presidentes de las naciones del G-20 que se desarrollará en Toronto.

Falta para esta fundamental reunión, dadas las actuales circunstancias mundiales, menos de un mes y todavía la agenda de los temas a tratar está en discusión habida cuenta de la cantidad de frentes conflictivos que debe enfrentar el organismo que se erigió en el principal Foro mundial en la lucha contra la crisis.

El impuesto a la banca no debería faltar en la lista de temas a tratar, y de hecho seguramente será uno de los puntos vitales de la reunión, y todavía hay abismales diferencias sobre la manera de implementarlo para que sea lo más efectivo posible en estos cruciales momentos para la economía mundial.

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