Estados Unidos y Europa llegan a la cumbre del G-20 con distintos planteos anticrisis

Es sabido que este fin de semana el G-20 realizará su Cumbre en Toronto, Canadá.

Es quizás, de todas las cumbres que se llevaron a cabo hasta el momento, la que representará el gran examen de la marcha de la economía mundial y el momento de tomar decisiones impostergables de cara al futuro y después (o no tanto) de la crisis económica global.

Pero desde su génesis, la cita está signada por dos lineamientos fundamentales. Por un lado la unificación de posiciones que finalmente parecen haber tomado los países de Latinoamérica para actuar en la reunión realmente como un bloque indisoluble, y por el otro las evidentes divergencias en las premisas de las partirán las participaciones de los Estados Unidos por una parte y la Unión Europea por la otra.

Estos dos últimos bloques, que acaparan el 85% de la riqueza mundial, no logran ponerse de acuerdo.

Europa está empecinada en enfrentar el gran problema que tiene en estos tiempos mediante el recorte del gasto público de todas las naciones que forman el bloque. Estados Unidos quiere que además de esas acciones, el viejo continente le dé especial énfasis al tema del estímulo del crecimiento.

Por eso antes de que el fin de semana se sumen las otras 12 naciones que participarán de la Cumbre, los Jefes de Estado integrantes del G-8 (Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Japón y Rusia) participaron el viernes 25 de una reunión preparatoria en la localidad de Huntsville, 200 km al norte de Toronto.

No es sorpresa para nadie suponer que no hará falta llegar al G-20 para que afloren las profundas diferencias entre los países más industrializados del mundo.

Y lo peor de estas diferencias, es que en ese hotel de Huntsville, más allá de las conclusiones de la cumbre del fin de semana, se cocinarán seguramente las recetas a seguir para hacer frente a los profundos problemas financieros que soportan sobre todo esas grandes potencias, pero que el resto del mundo deberá acatar sin demasiadas posibilidades de protestar.

Como muestra de las divergencias bastan las declaraciones del ministro de hacienda alemán, Wolfgang Schaüble, profundamente partidario de reducir el déficit público, y las del secretario del tesoro estadounidense Timothy Geithner, que defiende a ultranza un sólido plan de crecimiento como una vía de salida más importante que la caída del déficit.

Mientras tanto, los líderes de las otras 12 naciones del G-20 esperan en Toronto para ver cuál será el planteo de las grandes potencias mundiales en esta histórica Cumbre.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies