La Cumbre del G-20 enfatizó la necesidad de reducir el déficit público

La cumbre del G-20 que tuvo lugar este último fin de semana en Toronto al parecer puso metas más concretas que aquélla que el G-8 realizó también casi al mismo tiempo en territorio canadiense.

Estas metas a las apuntarán de aquí en más los mandatarios de los al menos en los papeles 20 países más industrializados del mundo, las grandes potencias y el segundo pelotón formado por los principales países emergentes de todo el mundo, apuntarán decididamente a la reducción del déficit público y la deuda de la mayoría de las naciones, siempre y cuando el paulatino retiro de los estímulos para bajar el déficit no ponga en riesgo las pautas de crecimiento mínimo que se establecieron en este período post crisis económica global por el que atraviesan buena parte de esos países, aunque con ciertas y preocupantes excepciones.

Se acordó también que México será el país que presidirá el G-20 en el 2.012.

El país anfitrión en esta oportunidad, Canadá, logró que la declaración final de la Cumbre tenga en cuenta el compromiso que esta nación proponía, el de reducir el déficit global a la mitad para el año 2.013. De todas formas, este compromiso sólo será válido en la práctica para los países más avanzados, aquellos que además de pertenecer al G-20 forman el G-8, de acuerdo a lo que declaró al final de la Cumbre el premier canadiense Stephen Harper.

Quedó en claro entre los asistentes a la Cumbre, y sobre todo entre los países que serían la “segunda línea” a nivel mundial, que los caminos hacia el recorte del gasto público deberán adecuarse a la realidad económica de cada nación, ya que deberán indefectiblemente ser compatibles con la recuperación del crecimiento después de la crisis y la prosecución de las medidas de estímulo que reconstituyan el andamiaje financiero de cada país.

La austeridad fiscal, que hasta ahora había sido tomada por el grupo con un alto grado de acatamiento, ahora comenzó a despertar ciertas discrepancias.

Mientras los Estados Unidos y los principales emergentes proponen mantener algunas medidas de estímulo para reactivar las economías regionales, el bloque europeo en general cree que la hora de los estímulos ya finalizó y llegó entonces el momento de la austeridad fiscal.

Habrá seguramente que esperar algunos meses para determinar a ciencia cierta cuál de las dos opiniones es la que produce el mejor efecto, si es que realmente alguna de ellas cumple con los requisitos necesarios, cosa que hasta ahora ninguna medida pudo resolver por completo.

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