Lo que quedó de la Cumbre del G-8 en Canadá

Las últimas Cumbres del grupo de los 8 países más industrializados del mundo (G-8) se habían caracterizado por el hecho de haberse propuesto metas y haber hecho promesas de cara al mundo, muchas de las cuales después estuvieron lejos de cumplirse.

Es por esto que ésta, la Cumbre de Muskoka en Canadá, quería aparecer ante los ojos del planeta como una Cumbre realista, donde sólo se dieran a conocer al cabo de la misma procesos, metas y compromisos verificables.

Pero parecería que en estos tiempos de crisis global y grandes decisiones el destino volvió a jugarles una mala pasada a los principales líderes mundiales, ya que la Cumbre previa a la del G-20 pasó y los resultados que estos líderes pudieron mostrar al mundo cuando terminaron de reunirse no pasaron de un escueto plan para ayudar a la maternidad en África, una muy leve condena al proceder de Irán y Corea del Norte y, lo más importante y “triste” de todo, la confirmación final de que la existencia del G-8 como tal parece haber perdido sentido ya que como vienen desarrollándose los acontecimientos en los últimos tiempos, todo indicaría que la coordinación de esfuerzos y planes mancomunados a nivel internacional no parece ser posible habida cuenta de la falta de un liderazgo fuerte y de carácter que se imponga con las medidas necesarias en este momento tan delicado y trascendente a nivel planetario, tanto desde el punto económico como político.

Pero el espinoso tema de la verificación de los logros, que fue propuesta por el miembro más modesto del Grupo, Canadá, significaría aceptar de hecho la inoperancia del grupo y eso nadie quiere admitirlo.

Como muestra basta el informe que paralelamente al desarrollo de la Cumbre dio a conocer una ONG canadiense que muestra que en los 35 años de vida del que primero fue G-6, después G-7 y ahora G-8, se aprobaron más de 3.000 acuerdos que jamás se llevaron a la práctica.

¿Cómo continuar con un panorama así, donde el descrédito ajeno y la propia constatación de la inutilidad de estas reuniones son las principales conclusiones en firme a las que siempre se arriba cuando transcurrieron algunos meses de cualquiera de las Cumbres anteriores?

¿Qué organismo internacional de eficacia indiscutible puede ser capaz de guiar el barco en estos tiempos de borrasca? ¿A quién recurrir en busca de soluciones cuando los que se supone que son los más capacitados para sacar el mundo de la crisis global en la que está inmerso en muchos sentidos no tienen idea de cómo seguir?

Al final pareciera ser que no está para nada fuera de moda la hasta hace un tiempo graciosa frase de un personaje cómico mexicano que por las pantallas de muchos países del mundo mirando a cámara exclamaba con cara de mucha preocupación: “ohh! Y ahora, quién podrá ayudarnos?…”

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