Francia también en un duro plan de ajuste para el 2.011

El año próximo, al igual que España y muchos países de la Eurozona y el mundo, Francia va a aplicar un presupuesto cargado de austeridad, caracterizado por el recorte de gastos y la caída del déficit público, el que este año llegará al menos al 7,7% del Producto Interno Bruto francés.

El ministro de presupuesto FranÇois Baroin presentó hace un par de días las cuentas del 2.011y ya le expresó a la prensa que el ejercicio del año entrante será “histórico” para los franceses, ya que se romperá la tradición que hizo de Francia “el campeón de Europa del gasto público”.

La base de la receta es relativamente simple: se congelarán gastos, se tomará sólo un nuevo funcionario de cada dos que se jubilen y se anularan las deducciones fiscales. Así el gobierno espera bajar el déficit el año que viene a un 6% del PIB, a un 3% en el 2.012 y a un 2% el año siguiente.

Con respecto al ritmo de crecimiento, la ministra de economía Christine Lagarde augura para todos esos años que pendulará entre el 2 y el 2,5%.

Debido a que se anularon o se anularán próximamente un gran paquete de deducciones fiscales, las que afectarán en promedio un 40% a las familias y el 60% restante a las empresas, y que entre otras figura la eliminación de las deducciones por invertir en fondos privados de pensiones, el gobierno espera ingresar a las arcas oficiales no menos de 10.000 millones de euros en el transcurso del 2.011.

Ya la oposición acusó al Gobierno de que estas medidas no son otra cosa que una subida de impuestos encubierta, lo que se da de patadas con las declaraciones del presidente Nicolas Sarkozy de no incrementar la presión fiscal al menos el año próximo.

Baroin, quien suena fuertemente para sustituir al actual primer ministro, aseguró a la prensa que las deducciones fiscales nada tienen que ver con medidas como subir el IVA o el impuesto a la Renta.

Sarkozy ya tomó medidas como crear un “escudo fiscal”, que prohíbe por ley que alguien pague al fisco más del 50% de sus ingresos, lo que de cualquier forma suena como algo que raya en una barbaridad.

Esta medida beneficia sobre todo a los más ricos y fue criticada por la izquierda, pero sigue totalmente vigente hasta el momento.

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