Alemania, a contramano del resto de los países, pide fuertes subidas salariales

El gobierno de Alemania a través de su ministro de Economía Rainer Brüderle hizo una propuesta que al menos es muy extraña para los tiempos que corren: ante la pujanza de la economía del país los trabajadores deberían ser recompensados con fuertes aumentos en sus salarios.

Esto es de hecho lo contrario a lo que está sucediendo en casi toda Europa, donde se producen día a día recortes en los salarios de los empleados públicos por los fuertes planes de ajuste que están aplicando la mayoría de los países ante los débiles signos de recuperación de la crisis económica global.

Pero Brüderle defiende a ultranza la idea de la administración de Ángela Merkel de subir y de ninguna forma bajar los sueldos de los empleados.

Si hay un “Boom” económico en Alemania, éste debe trasladarse a los salarios sí o sí.

El ministro destaca que las negociaciones de los nuevos salarios corresponde a sindicatos y empresas, y pone como ejemplo el acuerdo que se alcanzó en el sector del acero, donde sindicatos y patronal pactaron una subida de los salarios de poco menos del 4%.

Parece ser que la “locomotora europea” está otra vez a plena marcha, lo que queda demostrado por el avance intertrimestral del 2,2% del PIB en el segundo trimestre. Además se revisarán seguramente al alza todas las previsiones económicas al menos de aquí a fin de año.

Ängela Merkel aseguró que todos los cálculos de crecimiento que había hecho el Ejecutivo en su oportunidad deberían ser revisados “por lo menos al doble”, según sus propias palabras.

Brüderle no dudó en decir que “afortunadamente la evolución de la economía alemana es mucho más fuerte y sostenible de lo que parecía en primavera. Somos realmente el motor de Europa…”.

Y esta notable recuperación del aparato económico germano se debe casi exclusivamente a la capacidad exportadora demostrada aún en los momentos más álgidos de la crisis.

Alemania siguió al pie de la letra los pasos impuestos por Bruselas para salir de la crisis, al principio con los planes de estímulo y después con la programada retirada de las ayudas.

Sus actitudes dictaron al resto de la Unión Europea los pasos a seguir, lo que además de elogios le ha ganar algunas ácidas críticas de sus socios de la Eurozona.

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