La crisis de Irlanda está poniendo en apuros a la Bolsa de España

Las dudas políticas que lejos de disiparse se acrecientan acerca de la gobernabilidad actual de Irlanda, hicieron que tanto en ese país como en España, si bien el lunes los mercados secundarios de deuda habían comenzado la jornada tranquilos en Dublín y en menor medida en España, hacia la tarde se produjo un cambio de tendencia con un claro repunte de la prima de riesgo para el grupo de países metidos en el epicentro de las turbulencias.

Con respecto a las Bolsas, el sector financiero llevó al Ibex 35 español a tener su peor jornada desde el mes de agosto, con una baja del 2,68%, lo que hizo que cediera la barrera de los 10.000 puntos, tan importante desde el punto de vista psicológico.

Toda Europa terminó el lunes en rojo, con la Bolsa española a la cabeza, por la catarata de dudas que invadió los mercados, como suele suceder cuando un país de la Eurozona está en graves problemas. Y si no recordemos el caso de Grecia

Lo concreto es que la incertidumbre es tal que nadie sabe si estos tiempos están indicando el fin de la crisis global, el empeoramiento de la misma o quizás el nacimiento de otra todavía peor.

A pesar del nuevo correctivo que está sufriendo España, Elena Salgado ha salido a desmentir categóricamente que el país vaya a necesitar en algún momento un rescate financiero de la Unión Europea, como ya sucedió con Grecia e Irlanda.

Lo mismo sucede con Portugal, donde el premier José Sócrates hizo declaraciones en el mismo sentido que Salgado al afirmar que su país está cumpliendo “al pie de la letra” con el plan de ajuste para lograr poner el déficit del Estado en caja tal como lo exigen las autoridades internacionales.

“Portugal no precisa de nadie y va a resolver sus problemas con sus propias decisiones”, declaró enfáticamente Sócrates.

Admitió al igual que Salgado la existencia de un efecto nítido de contagio, pero insistió en que la situación de Irlanda con el resto de las naciones supuestamente en problemas “es muy distinta”.

Lo concreto es que se esperaba que la puesta en marcha del plan de ayuda a Irlanda sirviese de dique de contención y disipase las dudas en los otros países. Nada de eso ocurrió por ahora y lo único que se logró por el momento es un desborde de la incertidumbre.

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