Una deuda de dimensiones enormes con crecimiento “cero”…

Fue en el año 2.007 la época en que el presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero se jactaba del dato de que España había superado por vez primera a los italianos en el índice de riqueza por habitante. Y en ese mismo año, el primer ministro de Italia, Romano Prodi, aseguraba que tal cosa no había sucedido, que el esperado “sorpasso” de los españoles no se había producido.

Cuatro años más tarde, ninguno de los dos gobiernos está en condiciones de “sacar pecho” para hacer rumbosos anuncios. La competencia entre ambas naciones ya no es por la velocidad de crecimiento sino simplemente por la supervivencia, por poder parar los embates de los mercados internacionales que han puesto a la deuda de ambos en la picota.

Las primas de riesgo tanto de España como de Italia tocaron la semana que acaba de terminar máximos históricos, superando en el caso de los españoles los 400 puntos básicos y los 383 si hablamos de la situación italiana.

El Tesoro italiano tuvo que pagar un tipo de interés del 5,77% en la última subasta de sus bonos a diez años, la mayor cifra en más de una década.

En el caso de España, todavía le quedan unos 40.000 millones de deuda por emitir, y se verá a qué tipo de interés puede llegar a colocarla.

Todos los analistas coinciden en culpar a ambas economías de un común pecado base, el de haber vivido por años por encima de sus reales posibilidades. Y esa época ha llegado a su fin y ahora hay que pagar las consecuencias.

Ahora bien: el enfoque de las dos naciones difieren entre sí. Italia, que es la tercera economía europea pero se encuentra estancada desde hace diez años está en dura lucha contra una colosal deuda pública, que supone actualmente el 120% de su Producto Interno Bruto (PIB), el segundo nivel más alto del mundo sólo superado por los japoneses.

En el caso de España, la deuda pública es del 67% del PIB, unos 20 puntos por debajo del promedio europeo. Esta deuda está en gran parte en manos extranjeras, a diferencia de la italiana que se encuentra mayoritariamente en poder de inversionistas locales.

De la parte en poder de extranjeros, la banca francesa es la más comprometida con la deuda italiana, ya que posee el 46% del total de la misma.

Y aquí es donde cobran importancia las palabras del Nobel de economía Joseph Stiglitz, cuando afirma que al intentar salvar la economía de un país de la región, como podría ser el caso de Grecia, en realidad se está salvando a los tenedores de la deuda de ese país.

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