Parece que el 2.011 tampoco será el año del despegue de España

Los parámetros económicos y de otras índoles que se fijó para este año el gobierno de España no están resultando tal como se esperaba.

Pasado largamente el primer semestre, el crecimiento apenas si llega a un modesto “aprobado –“ como si se tratase de una nota escolar, las cuentas públicas siguen ajustándose a un ritmo mucho menor al deseado y, por sobre todas las cosas, la creación de empleo todavía está en deuda con la sociedad española.

Para llegar a los números anticipados por las autoridades a principio de año, el segundo semestre de la economía española debería ser sobresaliente, y aún así no es seguro que se llegase a las cifras propuestas en enero.

Lo cierto es que los hechos de las últimas semanas confirman que la segunda mitad del año va a ser extraordinaria, pero por lo adversa y no por lo buena. No queda otra opción que esperar un año más para ver qué ocurre con la marcha de la recuperación del país.

La prima de riesgo de los bonos españoles hace rato que está “coqueteando” con los 400 puntos básicos, con subidas y bajadas que más que de mejorías hablan de incertidumbres.

Las perspectivas de un repunte del crédito al menos a corto plazo se desvanecen y con este desvanecimiento también desaparecen las expectativas de que la demanda interna comience a tomar nuevamente impulso y el mercado interno recobre aunque sea parte del ritmo que supo tener alguna vez.

Los inversores se muestran cada vez más desconfiados y eso atenta contra las previsiones gubernamentales, que hablaban de una nítida recuperación económica para este 2.011 en curso.

Para terminar de redondear la situación imperante, el Banco de España anticipó el viernes de la semana pasada que el Producto Interno Bruto (PIB) entre abril y junio mostraba un avance en ese trimestre del 0,2% en tasa trimestral, más débil todavía que el que había mostrado la economía en el arranque del año.

Elena Salgado sostuvo que el gobierno no tiene previsto revisar las previsiones para el año en curso. Lo que no dijo la ministra de Economía es que con lo que queda de legislatura, ya que las Cortes se disuelven en setiembre y no queda tiempo para presentar proyectos de nuevos presupuestos, el calendario oficial ya de por sí no da ocasión de que se modifiquen las previsiones, si éstas fuesen las ideas del Ejecutivo.

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