Una eventual segunda recesión promete ser más dura que la primera

El panorama para toda la Eurozona no resulta para nada alentador. Una eventual quiebra de Grecia, ya vaticinada por muchos especialistas incluso los mismos griegos, seguiría con una situación crítica de los grandes Bancos y nuevamente volver a empezar con el círculo vicioso por todos conocido: otra vez presente la tan temida recesión.

Esta es una de las dos hipótesis que se manejan para el futuro inmediato de la economía europea y después con un traslado global seguro.

La otra hipótesis, tal vez algo más probable y menos dramática, habla de un estancamiento económico por varios años pero de “sustos” que deberán ir solucionándose a medida que vayan apareciendo. Este estancamiento, a juzgar por la ineficiencia demostrada hasta ahora por la inmensa mayoría de los políticos europeos, podría durar incluso una década.

De acuerdo al pensamiento del conocido economista Antonio Torrero de la Universidad de Alcalá de Henares, el pesimismo es unánime y se mueve dentro de esos límites. Se conoce ahora a ciencia cierta el comienzo de esta crisis sin precedentes en agosto del 2.007, pero se desconoce por completo cuál va a ser su duración ni su impacto socioeconómico a corto y mediano plazo. Tampoco se saben los resultados finales y cómo quedará el nuevo mapa económico mundial cuando esta crisis se decida a retirarse definitivamente.

Según Torrero, “los caminos hacia la ruina son sorprendentemente variados. La deuda europea y las dudas sobre el liderazgo político en el Viejo Continente son el principal foco de problemas, siempre con Grecia a la cabeza de las incertidumbres y los dolores de cabeza, como centro de un eventual terremoto y no precisamente de origen geológico”.

Son muchos los que piensan que los Estados Unidos comenzaron el contagio, pero ahora es Europa el verdadero enfermo, con los griegos al borde de suspender pagos y varios otros importantes países, sobre todo Italia, España, Irlanda, Portugal y hasta Francia, con graves problemas para manejar sus casi escapados de control déficits públicos.

Los mercados ya se encuentran en un estado de pánico tan generalizado y sensible, que la menor noticia, verdadera o no, o el menor atisbo de un desmejoramiento de las condiciones económicas globales, ya de por sí bastante endebles, provoca una estampida que no hace sino empeorar la situación.

Todo conspira para que a juicio de los economistas más renombrados del mundo una recaída –léase una segunda recesión- sea cada vez más probable e inminente. Habrá que aguzar el ingenio y la capacidad de los líderes mundiales para que esto no vuelva a suceder, porque sus consecuencias serían realmente impredecibles.

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