España con urgencias para no ser una “nueva Italia”

Decir que la situación de España se encuentra casi al límite de sus posibilidades podría parecer una redundancia.

Y las últimas noticias hablan de que los españoles tienen un plazo de un mes para poder convencer a la agencia de calificación Moody’s de la efectividad de las reformas puestas o por ponerse en marcha para reducir el monumental déficit público del país. Si lo logra, podrá evitar seguir la misma suerte que Italia, que en las últimas horas vio como Standard&Poor’s le recortaba la nota de solvencia de su deuda por motivos similares a los que atraviesan los españoles, es decir un crecimiento mínimo y un sinfín de dudas para alcanzar los objetivos de déficit que se propuso el gobierno de Rodríguez Zapatero.

Una de las diferencias la constituye las divisiones políticas que hoy por hoy hay en el Ejecutivo de Silvio Berlusconi.

Moody’s puso en revisión a fines de julio pasado la calificación de la deuda española, la que actualmente se encuentra en Aa2, la tercera nota más alta en el escalafón y que equivales a un “notable”. Pero todo parece indicar que deberá rebajarla o mantenerla en un plazo que no supere los tres meses, aunque podría retrasar una eventual nueva rebaja y postergarla por otro trimestre.

Pero lo cierto es que ya sea en octubre o algo más adelante, es muy posible que su conclusión sea negativa para los intereses españoles. Y las razones de esta previsión están en el deterioro generalizado de los parámetros que marcan el curso de la crisis y las advertencias que la propia Moody’s hizo sobre las dificultades que para la reducción del déficit presentan las cuentas de las distintas comunidades españolas. A pesar de esas predicciones, celebró la reforma constitucional que impone por ley un límite al déficit público español.

Elena Salgado confía en que se reconozca que España cumple de acuerdo a lo pactado el calendario de reformas y los cambios constitucionales, porque estos hechos proporcionarán en el futuro una clara estabilidad presupuestaria. La ministra no quiso referirse a las decisiones de las agencias, limitándose a afirmar que España “está cumpliendo con todo lo que prometió a los organismos internacionales”.

España entró en la crisis global con la máxima nota posible, la codiciada triple A. La mantuvo hasta que en enero del 2.009 S&P la redujo en un peldaño. Después le siguieron las otras dos entre mayo y junio del 2.010, cuando la crisis del euro estaba en su apogeo.

Igualmente las notas crediticias de los españoles se encuentran entre las más altas que en la actualidad se pueden conseguir en toda la región europea.

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