Europa debe tomar nuevas medidas para evitar una “cesación de pagos en serie”

El jueves de la semana anterior los ministros de Economía del G-20 aprobaron un comunicado para reafirmar su compromiso de actuar de manera mancomunada con el fin de garantizar la estabilidad financiera.

El texto abundó en frases rimbombantes pero de medidas claras y concretas, muy poco. De cualquier forma logró apaciguar al menos por unas horas a las principales Bolsas del mundo, que nuevamente estaban al borde del pánico. También ayudó el anuncio de que el BCE va a inyectar más dinero en el mercado para darle mayor liquidez a la banca internacional.

Hubo un aparente estado de concordia entre los llamados países “ricos” y el grupo de los emergentes que duró bastante poco, ya que nuevamente volvió a aparecer sobre el tapete el malestar por la forma en que Europa está gestionando la crisis de deuda pública, con raíces sobre todo en los balances de los principales Bancos.

Timothy Geithner, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, recalcó en un comunicado que se difundió en Washington que las autoridades europeas deben crear y poner en práctica rápidamente una barrera efectiva contra la seria amenaza de una suspensión de pagos “en cascada”, lo que provocaría el pánico total de las entidades financieras con un riesgo a todas luces cercano a la catástrofe.

Ya desde hace varios días del otro lado del océano se viene enfatizando que la Unión Europea debe darle un uso más ambicioso al Fondo de Rescates para intentar poner así freno a la creciente desconfianza de los mercados.

Para Geithner el Fondo de rescate, que cuenta con 440.000 millones de euros, ya resulta insuficiente porque los mercados van mucho más rápido y debe enviarse una señal potente y concreta de que existe una estrategia clara ante los nuevos desafíos que inevitablemente llegarán a corto y mediano plazo.

Lo que se pretende desde los Estados Unidos es que la UE anuncie cuanto antes que el Fondo de Rescates pondrá en práctica nuevas alternativas para multiplicar su capacidad de ayuda a países y Bancos en problemas, con que se reduciría considerablemente la presión de los mercados.

Las opciones son que el Fondo garantice el programa de compra de bonos del BCE o que el mismo Fondo sea el que pida prestado al BCE colocando los títulos que emite como garantía.

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