El G-20 intenta “despegarse” de la situación europea

Después de la cumbre del G-20 quedaron en claro varias cosas. Una de ellas es que el resto de las que podríamos llamar “grandes potencias mundiales” le dio a la Eurozona un plazo perentorio de seis semanas para que efectivice las medidas que paren la marejada de desconfianza que está inundando la mayoría de las plazas de Europa.

Los líderes europeos pretendían usar el complejo acuerdo del 27 de octubre pasado como una panacea para todos los males, calmando así a los “intratables mercados”, pero cuando los griegos anunciaron su referéndum todo volvió a fojas cero. Y como si esto fuese poco el episodio de parálisis política que atacó a Italia se encargó de dejar al paciente nuevamente en estado de coma…

Ahora que el plazo está de hecho terminado, los socios del G-20 esquivan compromiso alguno a pesar de que el riesgo de contagio crece exponencialmente, como en esas comerciales películas de cine catástrofe.

Ya el presidente de Francia Nicolas Sarkozy adelantó que “no nos gusta hacer algunas cosas, pero son necesarias”. En un mano a mano con la canciller alemana Ángela Merkel, desplegaron todos sus recursos para convencer al premier de Grecia de que retirara el referéndum sobre el segundo plan de rescate a su país. Y 24 horas más tarde casi obligaban a Silvio Berlusconi, el premier italiano, a quedar bajo la estrecha vigilancia del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Es evidente que los principales líderes de la zona euro aumentaron la presión sobre sus socios en problemas, pero lo cierto es que los líderes de los principales países emergentes, cada vez con más poder, tampoco se quedaron atrás.

Hace un par de meses China, Rusia y Brasil, los principales emergentes, se mostraron dispuestos a acudir al rescate. En Europa pretendieron que estos países invirtieran grandes sumas en un intricado vínculo financiero. Y el tiro les salió por la culata. Dilma Rousseff aseguró por ejemplo que “No tengo intención de invertir ahí. Si los europeos no van a poner más recursos, ¿por qué debo hacerlo yo?”. Y en el mismo sentido se expresaron el presidente de Rusia Dmitri Medvédev y el líder chino Hu Jiantao.

El caso de China es especial, porque su gigantesca acumulación de reservas, de cerca 2,3 billones de euros, más del doble del PIB de España, le permite no cerrar las puertas a una ayuda a Europa pero se puede dar el lujo de manejarse como la parezca sin que nadie se atreva a decirle nada…

La inversión china podría llegar a los 75.000 millones de euros pero su condición es que las garantías necesarias sean asumidas exclusivamente por Alemania y Francia, lo que no es poco decir.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies