¿Europa otra vez al borde de la recesión?

Un semestre atrás había fundadas esperanzas de una recuperación económica lenta pero firme en territorio europeo. Pero con los acontecimientos de las últimas semanas esas esperanzas se han desvanecido por completo.

De hecho el panorama que el jueves pasado vislumbró el vicepresidente de la Comisión Europea (CE) Olli Rehn es textualmente que “el crecimiento en Europa se ha estancado y existe el riesgo de una nueva recesión“.

Hay un grave deterioro en la confianza de todos que está afectando seriamente la inversión y el consumo, mientras que la tampoco buena situación en el resto del mundo afecta también las exportaciones europeas al tiempo que los tremendos ajustes presupuestarios lastran el despegue de la demanda interior.

En la primavera pasada se preveía que el crecimiento de toda la Eurozona para el año próximo fuese de 1,8%, y ahora las nuevas previsiones hablan de un máximo y modestísimo 0,5%.

El estancamiento de la economía europea se va a acentuar en el último trimestre de este año con una notoria contracción de la misma y lo mismo se espera que ocurra en al menos la primera mitad del 2.012, con lo que la paralización de la recuperación del empleo será lamentablemente un hecho consumado.

También se espera que en el segundo semestre del año próximo se produzca una recuperación del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), aunque todos los especialistas coinciden en que ésta será “demasiado moderada” como para provocar algún cambio de importancia en lo que respecta a la evolución del mercado laboral, quizás el talón de Aquiles de toda esta complicada realidad. La CE, por el contrario, ratifica que el desempleo seguirá en alrededor del 10% en el conjunto de la zona euro.

Pero fiel a lo que vino pregonando casi desde el inicio de la crisis global, la CE insiste en que para lograr la reanudación del crecimiento y la creación de empleo es imprescindible restablecer la confianza en la viabilidad fiscal y en todo el sistema financiero en general, así como intensificar todo el potencial de desarrollo del continente.

Lo cierto es que todas las declaraciones y pronósticos de la CE tienen un tono más bien apocalíptico y resultan cada vez más inquietantes. La crisis de deuda soberana de los Estados miembros se generalizó en los últimos tiempos y la economía mundial en general está perdiendo impulso y eso no ayuda a la recuperación de los mercados europeos ni extracontinentales

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