¿Cuál será ahora el futuro de España?

El Congreso de los Diputados votó el pasado lunes por mayoría absoluta a Mariano Rajoy como nuevo Presidente del Gobierno de España. Todo esto transcurrió con una normalidad democrática que, teniendo en cuenta los tiempos difíciles de crisis por los que atraviesa la Nación, resultó cuanto menos apaciguadora y sobre todo llena de esperanza.

Y es que, dadas las actuales circunstancias, desde la Transición donde fue elegido presidente Adolfo Suárez no hubo nunca en España tantas ganas de que las cosas salgan bien. Ahora ya no se trata de las diferencias entre un gobierno de centroderecha, conservador, liberal, de izquierda, sino de que esta nueva “aventura” no puede fallar porque está en juego la supervivencia de esta “vieja y querida España” que tan sólo tres días antes de la asunción del presidente se encontraba al borde del abismo financiero.

Nadie pecará de adivino si afirma que España se juega su futuro en los próximos doce meses, los que serán realmente difíciles para todos, Gobierno y pueblo.

A partir de este momento, y por bastante tiempo, los españoles deberán hacer los deberes más que nunca y contener la respiración con la mirada y el alma puesta en ese futuro distinto e incierto que se avecina, pero al que todos están dispuestos a presentarle batalla.

“La fiesta se acabó” y eso era sabido desde hace ya muchos meses. La España de los años de oro, rompedora de récords en materia económica, de crecimiento incontenible, no volverá a ser igual posiblemente nunca más.

Rajoy lo dijo claramente en su discurso: para salir de esta crisis sin antecedentes los españoles deberán rejuvenecerse, reinventarse, transformarse en lo que sea necesario en pos de recuperar el futuro y la sonrisa.

Y este no es un dato menor viniendo de un político “conservador” poco propenso a la ruptura de las inercias. Si hasta dejó a la izquierda con un descolocado discurso de ortodoxias metodológicas ya caducas.

Si algo puede decirse de Mariano Rajoy es su ausencia de misterio. Él mismo gusta calificarse como “un hombre previsible”. Pero esto se compensa con una muy alta dosis de cautela, quizás no demasiado recomendable para estos tiempos.

Con esta base deberá cimentar un Gobierno anticrisis. Las perspectivas para el 2.012 son muy duras y lo serán todavía más si las cifras finales que deje la administración de Rodríguez Zapatero resultan ser peores a lo esperado.

Todo puede suceder, pero lo cierto es que la confianza y las ganas de recuperarse es lo que hoy por hoy sobran en todos los españoles.

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