El 2.011 es el peor año en décadas para la vivienda

El 2.011 ha sido un año verdaderamente terrible para la industria del ladrillo en España. Si ya el 2.008 y el 2.009 habían sido años particularmente malos para el sector inmobiliario español por los efectos de la crisis económica global, y después vino un año 2.010 con una muy tímida recuperación, este año que está por terminar cerrará con los peores indicadores que se recuerden aún en el caso de los más veteranos en el sector.

Y no importa por dónde se realice el análisis, cualquier parámetro indica cifras catastróficas. Las compraventas, las obras iniciadas y terminadas, las transacciones de suelo, las hipotecas, todo fue en este año de mal en peor.

Los expertos en el tema anticipan un año venidero, el 2.012, que puede ser todavía peor. Julio Rodríguez, el ex presidente del Banco Hipotecario de España, afirma que todo el tambaleante andamiaje inmobiliario español va a depender casi exclusivamente de la evolución del crédito y del mercado laboral. Y ninguno de estos dos parámetros tienen buenas perspectivas.

Los créditos están poco menos que desaparecidos para todos los sectores de la economía, y la sequía de capital disponible afecta sobre todo a los mercados inmobiliario y automotriz.

En los tres primeros trimestres del 2.011 se alcanzaron niveles apenas mínimos tanto de número de operaciones como de volumen de dinero operado. Ya la Asociación Hipotecaria avisó que en todo el año la caída de dinero dado en hipotecas fue de un 30% respecto al año anterior.

Pero el dato más “aterrador” es el de los visados de nueva obra. En los diez primeros meses del año se iniciaron 83.000 nuevas viviendas. Esta cifra no sólo es espeluznante si se la compara con las 865.000 nuevas obras que se terminaron en el punto más alto del boom inmobiliario en el año 2.006, sino que es la más baja desde el año 1.960, que es el año en el que los arquitectos empezaron a contabilizar los proyectos que visaban para comenzar a construir.

Un informe del departamento inmobiliario del BBVA indica que hubo un decisivo desplome en la vivienda pública, y las futuras políticas de austeridad que se implementarán en todas las Administraciones Autónomas para combatir el gran déficit que presentan, no hará sino agudizar el problema y la consecuente caída de la construcción.

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