Parecería que Europa misma traba su salida a la crisis de deuda

Son ya demasiadas las semanas duras y de gran incertidumbre para los mercados internacionales. Los inversores están dando paulatinamente su veredicto sobre el anuncio de Standard & Poor’s (S&P) de rebajar la nota de solvencia a nueve países de la Eurozona, y eso se hace notar.

La decisión de la agencia se empezó a filtrar en los “corrillos económicos” a primera hora de la tarde del viernes 13 de este mes y ejerció como un lastre sobre los activos europeos en el tramo final de la sesión. Sin embargo, no se hizo oficial ni se conocieron todos los detalles hasta el cierre de las Bolsas a ambos lados del Atlántico. Como si todo esto no fuese suficiente, las negociaciones entre Grecia y sus acreedores siguen sin resolverse, lo que hace subir las tensiones en todos los ámbitos relacionados e involucrados.

Hay que ver cómo reaccionarán los principales mercados del mundo con el correr de estas primeras semanas al inédito hecho de la pérdida de su máxima solvencia por parte del Gobierno de Francia. Sólo basta recordar que, cuando en agosto del año pasado S&P privaba a los Estados Unidos de su triple A, los principales índices bursátiles cayeron de manera pronunciada, y en particular el Dow Jones se desplomó casi un 6%.

Y el euro, la moneda común europea, es también otro de los activos que se están viendo presionados a cotizar a la baja por la ya tristemente famosa crisis de deuda.

Hace ya casi quince días que la moneda europea cotiza en torno a los 1,268 dólares por unidad, la cifra más baja el mes de setiembre de 2.010. En lo que va de este 2.012 que recién comienza, el euro ya se depreció prácticamente un 3% frente a la moneda estadounidense, afectado sobre todo por la falta de solución a la crisis de la deuda.

Hace unos días Jamie Dimon, el presidente ejecutivo del JPMorgan, calificó a Europa como la actual mayor amenaza para la economía mundial y volvió a no descarta la salida de Grecia de la zona euro. De cualquier forma expresó su confianza, que pareció más que nada una expresión de deseos, de que la Eurozona sea “capaz de superar su propia crisis económica, más profunda que la del resto del planeta”.

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