Sólo cuatro países del G-20 pudieron reducir la desigualdad desde 1.990

La subida ininterrumpida de la desigualdad social y su impacto en todos los niveles socioeconómicos eran ya en la década de los noventa dos agudos temas de preocupación. Y ahora, con la crisis económica global sobre casi todo el planeta, esta preocupación se ha hecho todavía más palpable. Así es que las últimas estadísticas de Eurostat muestran que la brecha entre ricos y pobres lejos de empequeñecerse está aumentando sobre todo en el corazón de la Eurozona y con España como uno de los países donde esa brecha es más notoria. La situación no cesa de deteriorarse y ahora un informe de Oxfam confirma el diagnóstico y sus excepciones en los países integrantes del G-20.

Oxfam se ha fijado en los países ricos y los principales emergentes por razones contundentes. No sólo son los responsables de las principales decisiones económicas y financieras que se toman en el mundo, sino que en estos países viven aunque parezca raro más de la mitad de las personas que son consideradas “pobres” por los parámetros internacionales, incluidos China y Brasil.

Oxfam usa ahora una nueva base de datos que le permite una comparación más homogénea entre los distintos países. Y el resultado obtenido este año le permite concluir que solamente en los socios latinoamericanos del G-20, es decir Argentina, Brasil y México, y en Corea del Sur se pudo en los últimos veinte años reducir la desigualdad medida por un coeficiente internacional que el de Gini.

En contrapartida, los tres países con mayores reservas de dinero, es decir Rusia, China y Japón, son aquellos donde más ha subido la desigualdad entre los extremos de la escala social.

Francia, la nación del G-20 más equitativa en el reparto de ingresos, es también el país donde la desigualdad menos ha avanzado entre las naciones consideradas “ricas”.

En el apartado del informe donde se estudia cómo varió el reparto de ingresos en cada país, se constata que los tres países latinoamericanos que mencionamos antes tuvieron una fuerte subida del nivel de vida de la clase media, pero a expensas de la clase alta y no de los más pobres, como usualmente ocurre.

Y también se enfatiza en el informe que en varios países de ingresos medios y bajos que están fuera del G-20 se consiguieron importantes avances en la lucha contra la desigualdad gracias a una acertada estrategia de desarrollo, como es el caso de Bolivia.

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