La larga y lamentable agonía griega

Grecia está atravesando, todavía más que el resto de los países de la Eurozona, momentos de verdadera angustia e incertidumbre. De hecho los tres partidos de la coalición que apoyan la gestión del primer ministro Lukas Papademos aprobaron hace apenas unos día y tras intensas negociaciones en un clima agónico un nuevo paquete de fuertes sacrificios para el pueblo heleno.

Y este es un espejo en el que se reflejan varios otros países de la zona euro, los que tal vez con menos dificultades podrían pasar igual por una situación similar, como es el caso de las profundas reformas que se están llevando adelante en España.

Lo cierto es que los griegos abrieron las puertas para un nuevo rescate por parte de Bruselas de 130.000 millones de euros, los que se utilizarían para avanzar en una quita ordenada de la deuda griega. Esto haría “respirar” al resto de Europa y a buena parte del mundo.

Pero el grave problema es que, aunque nadie lo diga a viva voz, todos saben que los griegos no podrán cumplir con sus obligaciones, porque ya a estas alturas su problema no es coyuntural ni financiero sino de crecimiento. Y sin crecimiento no hay solución posible. Todo esto no es más que patear el balón hacia adelante. Otra vez los europeos ganan tiempo pero las soluciones de fondo no aparecen.

Para los países de la región es imprescindible evitar una quiebra desordenada de Grecia y gestionar de la mejor forma posible una situación que, de otra manera, traería como resultado una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles pero seguramente desastrosas.

Nadie entiende las declaraciones de hace unos días de la vicepresidenta de la Comisión Europea, Neelie Kroes, quien dijo que era “justificable” una salida de Grecia del euro, cuando todo el mundo está empeñado en evitar justamente esa situación.

Esta salida tendría un coste inmenso para los griegos y sentaría un precedente que muy probablemente sería seguido y copiado por otras naciones en problemas de la zona de la moneda común.

Ya los partidos griegos acordaron reducir un 20% el salario mínimo, en un intento desesperado por mejorar la situación. Pero siguen entre la espada del rescate y la pared de las elecciones de la próxima primavera.

También aprobaron nuevos recortes de lugares donde parecía imposible poder recortar nada por un valor de 3.300 millones de euros y adoptaron nuevas medidas de ajuste y reformas de por sí muy resistidas por la gente, que ya llegó a su límite para soportar más inconvenientes, con una población cuyo 30% ya vive por debajo del umbral de la pobreza.

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