Los altos niveles de corrupción en España parecen el cuento de nunca acabar. Y los que todavía no sabemos porque no se han descubierto.

ERES fraudulentos, sobresueldos, adjudicaciones públicas a dedo, contrataciones laborales de amigos, y un largo etcétera. Parece que cubrimos perfectamente el catálogo ideal de la corrupción. Y lo más triste, casi nunca pasa nada. Largos procesos judiciales dilatados en el tiempo. Nadie es responsable por acción o inacción. Lamentable es tanto la realidad como la imagen.

La modestia política parece que es un defecto. Los malos siempre son otros y no hay responsabilidad directa ni indirecta. Nuestro sistema democrático tiene graves fisuras en distintos niveles. Pero nuestros representantes miran hacia otro lado esperando que el tiempo pase.

Ya está bien de complacencia y palabras huecas. O se toman urgentes medidas o terminamos como “Cosa nostra espagnola”

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