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El caso no es nuevo, pero vale la pena repasarlo. Hace un tiempo el matrimonio formado por Tony y Jan Jenkinson decidió pasar una noche en el hotel Broadway en Blackpool, Reino Unido. Sin embargo la experiencia no fue la mejor a punto tal que el matrimonio opinó en la web TripAdvisor sobre el establecimiento de que era “asqueroso, sucio, maloliente” y que estaba “podrido”.
La pareja pagó 36 libras por su estadía pero luego le llegó un sobrecargo de 100 libras (125 euros) más del mismo establecimiento como multa por haber criticado el lugar.

La empresa esgrimió que era su “política contra las críticas malas”. Es que el establecimiento tiene una cláusula que indica que “por cada mala crítica que se deje en cualquier página web, se aplicará un recargo de 100 libras al organizador del grupo”. “Aunque nuestros clientes habituales y parejas aman el hotel, puede que sus familias o amigos no”, justifica el hotel.

Consultado por BBC, Tony Jenkinson indicó: “Molesto no es lo suficientemente fuerte como para describir lo que siento. ¿Qué ha pasado con la libertad de expresión?”. Jenkinson es un conductor jubilado de 63 años de edad que denunció el hecho al Ayuntamiento de Blackpool.

La cláusula abre el debate sobre la legalidad de la misma y sobre las limitantes acerca del derecho de opinar.

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